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La Malpensante Moda

La Malpensante Moda, portada de la edición 2020. Joan Juliet Buck, escritora y actriz norteamericana en la portada fotografiada por Ruven Afanador.

LA MALPENSANTE MODA 2021

En La Malpensante Moda 2021 proponemos un diálogo entre las artes, la moda y la ecología. Goyo -líder de Chocquibtown - es la protagonista de nuestra portada por ser quien representa ese diálogo de manera estimulante, sugestiva pero también cuestionadora. Es la compositora, artista, pero sobre todo es una persona que nos ha revelado el Pacífico. Consciente de Colombia pero para quien su territorio es el lugar de referencia y el que da origen a toda su creatividad.

LA MALPENSANTE MODA 2021

Ojalá deseen tenerla ante sus ojos y en sus manos. Nos haría muy felices a un equipo de 57 personas. Honramos la moda colombiana y el buen hacer editorial. Una revista impresa para acompañarles largo tiempo y en cualquier lugar. Son 128 páginas y pesa 250 gramos.

GOYO LA BOGA MAYOR

Goyo -líder de Chocquibtown - es la protagonista de nuestra portada con Revista El Malpensante por ser quien representa ese diálogo de manera estimulante, sugestiva pero también cuestionadora.

MODA + ARTESANÍA

Aquí está un repertorio cuidadosamente escogido de marcas colombianas que apuestan desde el diseño contemporáneo por la tradición artesanal y el esfuerzo productivo en colaboración con comunidades en el país

TALENTOS

Convocar a los especialistas en sus oficios para componer el equipo editorial es una tarea apasionante. En este diálogo entre moda, artes y ecología que proponemos en La Malpensante Moda 2021 disfrutan las plumas, el ojo y la capacidad creativa de diseñadores, autores, ensayistas, ilustradores, dibujantes, directores de arte, productores, maquilladores, poetas y fotógrafos.

EXQUISITECES

De la jardinera, fotógrafa y directora de arte (en editorial Novias Literarias Sonia Lahoz)

MINUCIAS ESPLÉNDIDAS

Una lectora envía esta composición que ha elaborado a partir de la revista. Me recuerda un fragmento del texto “De composiciones estéticas” escrito por Charles Beaudelaire en 1846

LA REVISTA VIVA

La Malpensante Moda en manos de sus lectores ocupa territorios inimaginados.

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MEDIO SIGLO DE ARTESANÍAS DE COLOMBIA

Publicado 2014-06-13 00:00:00 | Por Rocio Arias Hofman

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Pocas veces una entidad reúne en sí misma tanto simbolismo y genera tan profundos retos como Artesanías de Colombia para el país. Tradición y futuro se tejen en simultánea para preservar parte de la memoria nacional. ¿Cómo debe ser en el próximo medio siglo?

Doña Elvira sigue dedicándome una sonrisa cuando me ve y ha pasado ya una docena de años desde que nos conocimos en una edición de Expoartesanías. Ella es famosa, una celebridad en serio, y sus ojos quedan sumidos cuando se ríe, como si su rostro fuera un solo pañuelo arrugado. Desde que se ganó el reconocimiento como Mujer Cafam en el año 2000, a doña Elvira le habla todo el mundo. Y ella que es “conversadorcísima” hace de cualquier charla una madeja bien gruesa de palabras. Está acostumbrada a hilar. Lo ha hecho toda la vida, para deshacerse de un marido tremendo que no la dejaba ser y para sostener después a sus hijos, como madre cabeza de familia. Una colombiana, campesina, llena de obligaciones y optimista. Como tantas que hay en el país.

Pero doña Elvira posee algo más que su extraordinaria personalidad: es artesana del hilo de gusano de seda. Y de sus manos y de las del resto de mujeres con las que comparte oficio de tejedora en su pueblo del Timbío (Cauca) salen chales, bufandas, ruanas, chaquetas desde hace tres décadas. Pertenecen a Corseda, entidad que las representa, y en 2012 el diseñador Jorge Duque las acompañó, por ejemplo, para experimentar otros productos a partir de su materia prima, los gusanos que se alojan en los patios de sus casas. Sin embargo, Elvira Guzmán, a sus ochenta y cinco años, afirma que “lo mío que yo tengo, nadie me lo ha enseñado. Está en mi cabeza” y mientras lo dice me desliza un capullo de los que exhibe en su stand entre las manos. ¿Cómo se compagina la tradición con la evolución? La pregunta aflora silenciosa desde la trenza larga que luce doña Elvira, Elvirita.

 “Hay que darle sofisticación y variedad a las piezas. Esos cambios son difíciles porque la resistencia en las comunidades es grande. A veces, absorber esta nueva información es complicada para ellos. Pero todo tiene que evolucionar. Nos tenemos que ajustar a una demanda. Si el valor agregado de la cerámica de Carmen de Viboral es un reconocida decoración a mano, ¿qué pasa si las piezas de la vajilla son producidas por una compañía especializada que reduce costos a la cuarta parte y los artesanos siguen pintando cada pieza? Tenemos que encontrar esa línea media. Los tejidos wayuús pueden ser aplicados a otras piezas: más allá de las hamacas y las mochilas, por ejemplo. La patente de las artesanías, por otro lado, es lo único que garantiza proteger estas tradiciones colombianas” sopesa Aída Furmanski, directora de Artesanías de Colombia. La entidad cuenta con los Laboratorios de Diseño (aspiran a consolidar 32, uno por departamento, a finales de 2015) y el programa de “Diseño Colombia” para apoyar esta tarea a la que se refiere Furmanski y la que ha experimentado doña Elvira como otros miles de artesanos indígenas en el país.

“No es fácil responder al mercado. Además nos afectan tanto el invierno como el verano para producir hilo de seda suficiente. Por eso, ahora estamos mirando a ver si nos metemos en el negocio del hilo de seda dental” me dijo en otra edición de Expoartesanías Amparo Navarro, coordinadora del grupo que integra guambianos, paeces y negritudes en el Cauca.

Al pasar las páginas de “Maestros del arte popular colombiano”, el más reciente libro publicado por el Grupo Sura para celebrar los cincuenta años de Artesanías de Colombia, no es difícil deducir cuántos factores, además de los ambientales, afectan diariamente el fortalecimiento de este sector cultural que pesa demasiado poco en la economía nacional (a juzgar por su escaso presupuesto, esta entidad mayoritariamente pública solo recibe 18 mil millones de pesos al año). Las fotografías y textos de setenta y cuatro artesanos colombianos -la mayoría pertenecientes a comunidades indígenas distribuidas por todo el país- dan cuenta de la geografía difícil que les circunda, del escaso acceso a derechos básicos que tienen y del asombro que producen sus filigranas, ausentes del escenario comercial en las principales ciudades. Desde la creadora de esculturas Rosalee Watson de Pomare (San Andrés) hasta la tejedora Lucía Inciarte que vive en Uribia (La Guajira) integran un fabuloso repertorio de oficios y destrezas, de fisonomías y vestimentas, de miradas y actitudes. Este libro cierra una trilogía iniciada con dos volúmenes anteriores que también aborda el lenguaje creativo de las etnias indígenas en Colombia. “No deja de sorprender la creatividad, el ingenio, la recursividad y la inteligencia práctica de los artistas populares” escribe en la introducción del libro Cecilia Duque, responsable de las ediciones anteriores y ex directora de la entidad.

¿Debe Artesanías de Colombia ser “arte y parte” de la comercialización de estos productos, crecer su red de almacenes de venta? La pregunta se torna indispensable al calibrar los escasos circuitos comerciales que cuenta la artesanía para seducir al mercado local en primer lugar.  “Hemos creado una unidad del conocimiento y una subgerencia de promoción comercial porque nosotros no podemos ser competencia de los empresarios independientes que quieran vender artesanías en el país. No deberíamos comercializar pero lo cierto es que no hay canales reales y suficientes para exhibir las piezas artesanales. Vas a México y te das cuenta que nos falta mucho por hacer” asegura Aída Furmanski con una mezcla de pragmatismo empresarial y desasosiego ante los múltiples retos que entraña la misión que le encomendó el presidente Juan Manuel Santos en 2011.

Para la viceministra Carolina Soto, miembro de la junta directiva de la entidad, el foco sobre la renovación de la entidad es claro “se debe cambiar su naturaleza. Artesanías de Colombia debe ser una entidad similar a Proexport, concentrada en el fomento de las artesanías, más que una empresa industrial y comercial del Estado. Resulta muy complejo para la entidad operar como empresarialmente porque la carga y la gestión la alejan de su objeto”.

Por otro lado, parecería lógico que un país, cuna de más de ochenta comunidades indígenas con sus respectivas lenguas y tradiciones milenarias, tuviera un vínculo vigoroso con el sector de la moda. El segmento del lujo, para no ir muy lejos, se define por el valor estético y la calidad del trabajo hecho a mano. ¿Cuánto no podría ofrecer Colombia en este nicho al unir su saber milenario con el talento creativo contemporáneo? Pero la realidad es que la moda mantiene una relación poco clara con las técnicas artesanales nacionales. Nunca se han apreciado lo suficiente, la ignorancia generalizada que mantiene el público sobre las mismas afecta también a los creadores de moda, el trabajo conjunto contiene unas exigencias que pocos quizá estén dispuestos a cumplir (paciencia, lejanía, intercambio de conocimiento).

Con muchas de estas respuestas se puede especular. Para Pepa Pombo, creadora de la marca de punto artesanal que lleva su nombre, el asunto toma otro derrotero adicional. “Se han producido demasiadas copias en las artesanías durante mucho tiempo. Afortunadamente hace poco comenzó una labor de identidad, de creación de piezas propias, sin copiar obsesivamente al vecino. Hay un sentido de creación más fuerte porque la exigencia y la motivación han crecido. Si no mezclas lo comercial con la conciencia artesanal, no puedes competir. La relación diseñador-artesano es positiva porque lleva a exigir finalización de producto exquisito, por ejemplo, y el aprendizaje es mutuo en todo caso” afirma la diseñadora.

Doña Elvira mantiene intacta su sonrisa inteligente. Ella, como nadie, sabe de la cuenta pendiente que tiene el país para afrontar el destino de sus tradiciones, la protección de sus comunidades artesanales y el desarrollo de un verdadero mercado que aúne técnica y diseño de manera competitiva. El próximo medio siglo cuenta ya con diagnósticos, resulta inevitable urgir las soluciones.

Publicado en la edición impresa de la revista Diners, junio de 2014.

 

 

 

 

 

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Esta compañía tiene su sede en Bogotá -"la ciudad asentada sobre una silla verde"- tal como alude el escritor Germán Arciniégas a las montañas orientales que la resguardan.

ROCIO ARIAS HOFMAN es politóloga y periodista en radio, prensa, televisión y medios digitales. Nace en Madrid y vive en Colombia desde 1994.

Consultora del Programa de Moda y Joyería de Artesanías de Colombia (2015-2022) y cofundadora de la plataforma comercial MODA VIVA. Dirige el ciclo de debates MODA 360 de la Cámara de Comercio de Bogotá (2015-2019) y la franja de conocimiento de Bogotá Fashion Week (2018, 2019 y 2022). Ha sido colaboradora de El Espectador, El Malpensante, Fucsia, Diners y Vogue Latinoamérica.

2012: Revista digital sentadaensusillaverde.com / 2016: Fundación de SILLAVERDE SAS / 2017: Estreno de LA VIDA ANIMADA en Youtube en alianza con Expor Mannequins. / 2018: Podcast TALKING CLOSET en alianza con Akorde. / Desde 2019: Asesorías para la creación de contenidos editoriales y elaboración de narrativas de moda para clientes del sector privado. / 2020-2021-2022: Publicación de la revista impresa anual La Malpensante Moda en coproducción editorial con Fundación Malpensante. / Desde 2021: Realización de la serie de entrevistas AL HILO  por IGLive SillaVerde y publicación de la columna "Las pinzas de la langosta"

SillaVerde cuenta con un equipo de investigación, producción ejecutiva de proyectos, producción de editoriales de moda y diseño gráfico.

 

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