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La construcción de una relación virtuosa entre diseñadores y artesanos es un reto para Colombia. Todos debemos aportar para que este sector se fortalezca en la mejor dirección.

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Como consultora del Programa de Moda y Joyería de Artesanías de Colombia, Rocio Arias Hofman realiza talleres dirigidos a comunidades artesanas en sus lugares de origen y fomenta la plataforma comercial MODA VIVA.

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Y AQUÍ ESTÁ... ANGEL YAÑEZ

Publicado 2015-12-01 00:00:00 | Por Rocio Arias Hofman

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Con la ex modelo Ingrid Wobst, Angel Yañez aseguró que su regreso público a la moda en Colombia fuera como todo lo de él: fiero, irrepetible y sin igual.

Angel Yañez (Cúcuta, 1964) es a la moda lo que resulta un legendario personaje de ficción: muy difícil de olvidar. Quien crea que ya no circula por los laberintos del fashion y que ya no le interesa crear deseos insólitos para mujeres hiperdeseadas, se equivoca. El diseñador colombiano es incombustible pero, sobre todo, tiene todo para no ser lo que describía John Huston como lo que menos le gustaba de alguien, "un dilettante". Justamente, Angel Yañez se desmarca de la mayoría de sus colegas de oficio porque tres décadas dedicado a la costura le han afinado hasta el punto de convertirlo en un violonchelo clásico y virtuoso, único en la orquesta nacional. Retrato, cortesía de Giorgio del Veccio.

El diseñador ha sido diseñador toda su vida. Pero primero fue hijo de una numerosa familia oriunda de una ciudad caliente y fronteriza con Venezuela en la que Angel Yañez desempeñó un primer papel inevitable: trabajar y estudiar al tiempo. Vendió zapatos y quedó estrenado en las lides del comercio. "Ahí es donde empecé a tener trato de verdad con las mujeres. Además era líder del grupo Jokers, los amigos bailarines a los que todos invitaban a sus fiestas. Como en Brillantina".

Años más tarde, recibió un bautizo brutal en la vida de un joven adulto en la década de los 90. Su padre Angel David Yañez, un hábil comerciante, fue secuestrado por el grupo guerrillero ELN en el pueblo Salazar de las Palmas (Norte de Santander) y desde hace veinticinco años nadie ha sabido más de él. Todavía en el hogar de los Yañez se siente silenciosamente la tremenda ausencia. Quizá este sea el único tema capaz de opacar la eterna risa que tanto identifica al creador de moda.

Obstinado y terco no son sinónimos en el caso de Angel Yañez, son dos palabras insuficientes para describir la tozudez con la que permanece en las aguas de la moda. Ese mar tan plano y calmo como furioso, recortado por crestas de olas espumosas. Valga aclarar que la metáfora resulta válida para entender cómo un hombre atraviesa -en solitario, la mayor parte del tiempo- esa inmensidad. Angel Yañez está curtido. No porque sus cincuenta años vengan acompañados de algunas arrugas y menos rumbas -una de sus pasiones manifiestas-. Sino porque su trayectoria parece estar marcada por su condición de ser indómito. 

Fue el único hombre en medio de mujeres en el salón de clases de la Escuela Arturo Tejada que graduó a la primera promoción de estudiantes de diseño de moda. "Desde entonces no he parado un minuto. En el patio de mi casa monté un taller donde teñía prendas y ensayaba todo lo que se me ocurría". Se convirtió en una referencia obligada para mujeres de la alta sociedad en Bogotá sorteando con una personalidad arrolladora esas barreras invisibles que tan bien blindan a una sociedad conservadora. "A Madame Crepé, la famosísima Susana de Goenaga que le hacía sombreros a Christian Dior, la visitaba a diario en el almacén Cha-cha-chá de Pedro Ruiz, donde vendían una cantidad de cosas curiosas. Ella también venía a mi almacén en la carrera 14 con calle 82 y recorríamos París con pura conversación mientras comíamos churros con chocolate" relata Angel Yañez. 

Otros creadores de la generación anterior -Olga Piedrahíta, Hernán Zajar, Bettina Spitz, Lina Cantillo y Sandra Cabrales- habían iniciado "Tendencias", los primeros desfiles en la ciudad que lograron volver visible el trabajo de cada uno. Yañez llegó después. "Una vez hice una fiesta en un lugar llamado "La Grúa" con La Mega y Germán Palomino. Mandé colgar una jaula donde se metía la gente, sobre una pasarela desfilaba todo el mundo a bailar y mostrar sus disfraces. Por supuesto, fue inolvidable pero nos quebramos" dice el diseñador.

Angel Yañez reveló enseguida su condición homosexual para gozarse la vida a su manera, sin explicaciones para nadie. Cautivó a un hombre "fantástico" -como él mismo describe a Angel Sánchez-, reputado diseñador de moda en Venezuela. "Fue amor a primera vista. Nos conocimos en Miss Mundo en Bogotá en el que me gané premio al mejor diseñador. A los ocho días me llegó un tiquete en primera clase para viajar a Caracas". Allí conoció de primera mano la sofisticación de un entorno social que precisa de numerosos vestidos para cumplir con innumerables compromisos. Vivieron en Nueva York en la década de los 90. Observó de cerca la minuciosa maquinaria que mueve el mundo de la alta costura, aspiró sus olores y aprendió rápidamente a reconocer códigos ajenos. "Y eso que no sabía hablar inglés" resume con una gran risotada. Muy joven todavía se comprometió profesionalmente con la carrera de su exitoso novio venezolano hasta que comenzó a diseñar sus primeras piezas, especialmente sastrería y bordado que los hacía en Colombia. "Vivía como un rey pero trabajaba mucho" asegura.

El rubor no es algo que haya padecido jamás Angel Yañez. En cambio el talento y el desparpajo corren por sus venas. Por eso, es comprensible que enseguida sus creaciones acapararan atención. "Eso sucedió cuando terminamos nuestra relación por primera vez. Me busqué un representante, Michael Atkinson y él introdujo mi primera colección en Neimann Marcus". No es exagerado afirmar que fue el primer diseñador colombiano en vender prendas en almacenes multimarca en Estados Unidos. La revista Vogue le dio una página entera a una de sus creaciones, un vestido rojo corto de cóctel, elaborado en crepe y chiffon de seda plisado. "Cuando regresé con Angel (Sánchez) nos casamos en Alburquerque ante la hija de Clint Eastwood. Tengo mi diplomita que lo demuestra. Después de siete años, nuestra relación terminó aunque yo lo he seguido queriendo siempre".

Desde entonces, Angel (Yañez) ha vivido de todo. Desde la creación de su marca homónima y la apertura de su taller en Colombia en los años 90 hasta su inmensa presencia en el escenario de moda nacional durante casi dos décadas. "El primer día que abrí la tienda Oscar Azula se presentó y quiso comprar la chaqueta de encaje negro con amarillo mostaza que tenía en la vitrina. Era para Aura Cristina Geithner, la actriz, su esposa. Ahí empezó todo". 

Este periplo de una intensidad vital a la que es difícil no perderle el paso, le sigue la reinvención actual que le obliga -como a cualquier creador- a comprender cómo continuar posicionado en un mercado cada vez más competitivo. Nada es fácil y, sin embargo, Angel Yañez lo resuelve todo con carcajadas amplias y fragorosas. Tanto que es inevitable no sentir un fogonazo de alegría contagiosa cuando se está a su lado.

Hábil dibujante de bocetos y extrañamente dotado de un radar que detecta rápidamente los rasgos psicológicos de las personas -mujeres, claro está, esas clientas que se sientan al otro lado de la mesa de vidrio en su estudio-, el diseñador traza a mano alzada, sobre un papel blanco, el vestido apropiado para su interlocutora. El resultado se repite casi siempre, la mujer queda asombrada. Ese hombre risueño, seductor e impertinente supo mejor que nadie, y en cinco minutos, lo que ella realmente quería. "Mi silueta preferida es aquella que realza el cuerpo de una mujer. Y no siempre hago lo que quiero" confiesa con un guiño quien dedica el 90% de su tiempo a crear trajes a medida.

El refinamiento de Angel Yañez consiste en rodearse de mujeres esplendorosas, conversaciones afiladas y hombres tan divertidos como talentosos. Por su taller-estudio-hogar situado en una colina del barrio Chapinero en Bogotá, pasan a diario clientas de "toooooda la vida" -como llama el diseñador a sus fieles seguidoras- para solicitarle esos vestidos de corte Lacroix que forman parte del sello personal de Yañez. Y es que su estilo es francés, francés y francés. Pocas veces se ha permitido cruzar la línea rigurosa de la técnica exigente y de las siluetas laboriosas aplicados sobre exquisitas telas. Organza, tafetán, chifón de seda, brocados, tules y terciopelos pasan por sus dedos acostumbrados a domarlos. Aplica alfileres rápidamente sobre maniquí y pule en cuestión de segundos lo que su ojo le indica que es irregular. "Yo siempre he sido barroco. Como mi verdadera formación fue con Angel (Sánchez) resulté ser un diseñador dedicado al trabajo artesanal. Me di cuenta que eso hacía que cada una de mis piezas sea única. Pueden imitarme pero nunca será igual".

Angel Yañez se parece mucho a su mesa de corte. Meticulosa, organizada y festiva al tiempo. La administración de un negocio como el suyo ha sido su caballito de batalla desde siempre. No le gustan los números ni leer. Vive rodeado de revistas, rollos de tela y piezas terminadas. Y, sin embargo, argumenta con el acero contundente de un intelectual. Esa capacidad de análisis está ligada a una memoria visual tan ágil como peligrosa. No se le escapa detalle, reconoce la alta costura inmediatamente y aprecia detalles invisibles para ojos no adiestrados como los de él, dos iris verdes que le dan un permanente aire felino.

Expansivo y simpático, también procura distanciarse de las personas que siente veladas, poco auténticas. Como le gusta hablar a bocajarro, se le oyen frases de antología que conviene anotar para reír después. Sin embargo, sus palabras pueden ocasionar choques bárbaros. "Veo que estamos evolucionando en materia de moda. Muchísima vanguardia que conviene a los diseñadores" resuelve de un plumazo. 

Con el fotógrafo Rey Tuk y la empresaria Ingrid Wobst -ex modelo y una de sus musas favoritas-, Angel Yañez ha resuelto cerrar el año 2015 con el dedo índice apuntando hacia lo alto. Para el diseñador, nada de lo que hace puede ser a medias. Con los mejores estilistas, los mejores directores de arte y las mejores modelos. Pues para eso, él es algo así como el rey del mambo. Aquí está el resultado de su más reciente sesión fotográfica en una antigua fábrica de vidrios y espejos en Bogotá. "Vestidos de encaje negro que Pilar Castaño describe de un "oscurantismo victoriano"" replica el diseñador. El resto de lo que quiere hacer Angel Yañez es en parte misterio, deseo y locura insatisfecha. Siempre con él conviene estar atentos, listos para ver salir al ejemplar de casta por la puerta de toriles.

Diciembre

13

2017

Calendario MODA EN COLOMBIA

B CAPITAL (Bogotá): 18 al 20 de OCTUBRE

FERIAS DE ARTE (Bogotá): 26 al 29 de OCTUBRE

EXPOARTESANÍAS / MODA VIVA (Bogotá): 6 al 19 de DICIEMBRE

La Vida Animada
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Elogio de la lectura

"Esta es mi técnica, resucito a través de la ropa. Tanto es así que me resulta imposible recordar lo que hice, lo que me sucedió, a menos que recuerde lo que llevaba puesto. Siempre que desecho un suéter o un vestido, desecho parte de mi vida. En "Chicas bailarinas" de Margaret Atwood (Lumen).

"No se atrevía a seguir mirando al espejo. No podía enfrentarse a todo ese horror: el vestido de seda de un amarillo pálido, tontamente pasado de moda, con su falda larga y sus altas mangas y su cintura y todas las cosas que le parecieron atractivas en el libro..." en La señora Dalloway recibe. Virginia Woolf ("El vestido nuevo". Editorial LUMEN).

"En la mesa de al lado había una dama maravillosa con unos hombros preciosos, una espalda recta y un vetido tan divino que me daban ganas de llorar. Era tan bonito porque ella no necesitaba pensar cómo conseguirlo, se notaba solo con verlo" en La chica de seda artificial. Irmgard Keun (Editorial Minúscula, 2004. Primera vez publicada en 1932).

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Sobre la autora

“Esta revista digital la elaboro en Bogotá, la ciudad asentada sobre una silla verde, tal como sugiere el escritor Germán Arciniégas al referirse a las montañas orientales que la resguardan.”

Rocio Arias Hofman es politóloga y periodista en radio, prensa, televisión y medios digitales. Nació en Madrid y vive en Colombia desde 1994.

En 2012 creó sentadaensusillaverde.com para investigar, escribir y publicar historias detrás de la moda. Sus piezas periodísticas aparecen también en los medios colombianos El Espectador, Fucisa Diners. Participa en conversaciones, foros y eventos académicos relacionados con la industria de la moda y sus protagonistas. Ha sido jurado de los PREMIOS CROMOS DE MODA 2014, PREMIOS DE DISEÑO LÁPIZ DE ACERO 2015, categoría Moda, CONVOCATORIA "SE BUSCA DISEÑADOR" 2016 Fucsia y PREMIO FESTILANA 2016. 

Como empresaria ha creado SILLAVERDE -Portal de la moda en Colombia-, una compañía a través de la que edita y produce contenidos para distintos formatos periodísticos que acercan la información de moda al público. Consultora de Artesanías de Colombia. Dirige el ciclo MODA 360 de la Cámara de Comercio de Bogotá.

Cofundadora de la FUNDACIÓN MALPENSANTE con el escritor y columnista Andrés Hoyos. Una entidad sin ánimo de lucro que crea contenidos vinculados a las artes y produce festivales, exposiciones y encuentros con el público en torno a la lectura. 

Maestros ancestrales 2017

La revista Fucsia, Artesanías de Colombia y el INALDE se unieron este año para la iniciativa "Maestros ancestrales". En esta, algunas marcas locales como Isabel Henao, Aldea, MAZ interactuaron y co-crearon cápsulas con la comunidad wounaan, wounaan pour y embera.


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ISABEL HENAO

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CAROLINA SEPÚLVEDA

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