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Moda & Tradición Artesanal

La construcción de una relación virtuosa entre diseñadores y artesanos es un reto para Colombia. Todos debemos aportar para que este sector se fortalezca en la mejor dirección.

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Como consultora del Programa de Moda y Joyería de Artesanías de Colombia, Rocio Arias Hofman realiza talleres dirigidos a comunidades artesanas en sus lugares de origen y fomenta la plataforma comercial MODA VIVA.

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Tiffany en Colombia

Publicado 2014-09-21 00:00:00 | Por Rocio Arias Hofman

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La legendaria firma TIFFANY fundada en 1837 en Nueva York abre en septiembre de 2014 su primer punto de venta en Colombia con una sede situada en el norte de Bogotá. Las magnolias, el acero, los diamantes y el famoso "azul Tiffany" en una nueva versión retoman la leyenda y la vuelven viva.

La magnolia, una flor que nace espontáneamente en tan solo dos países del mundo (uno de ellos, Colombia) es uno de los distintivos de la marca desde que Charles Lewis Tiffany, uno de los socios fundadores, diseñara a partir de su silueta un repertorio de objetos de lujo. Estos, sumados a la papelería refinada, fueron los productos que ofreció Tiffany con US$1.000 dólares -de la época- que prestó el padre del señor Tiffany.

“Nada malo te puede pasar allá dentro, quiero encontrar un lugar como Tiffany” le dijo Holly (Audrey Hepburn) a Paul (George Peppard) en la archifamosa película “Desayuno con diamantes” que dirigió Blake Edwards en 1961, basado en el libro escrito por Truman Capote. Ha pasado medio siglo desde el rodaje de esta escena y la sensación que transmitía la actriz –entre candorosa, vivaz y de inevitable coquetería rebelde-, sobre Tiffany continúa resultando tan natural como sorprendente.

La esquina elegida por la marca para instalarse en Bogotá, en el costado occidental del centro comercial Andino al norte de la ciudad, con acceso directo sobre la calle señala, de entrada, qué quiere contagiar Tiffany, 177 años después, en pleno siglo XXI: un diseño elaborado, accesible, deseable y vanguardista pero fiel a sus raíces (la pequeña ventana incrustada en el granito pulido del muro de fachada en combinación con acero, vidrio y un suelo alfombrado que recupera la magnolia como flor insignia de la casa). Una intervención singular nunca antes permitida en este sector comercial.

Al interior del local, el revestimiento en estuco de las paredes; la luz dirigida a cada joya; los pequeños retablos que muestran los dibujos originales de piezas esenciales de la marca; el mural que presenta la más reciente colección a cargo de la nueva directora de diseño Francesca Amfitheatrof (iconoclasta y conocedora de su oficio, la creadora escogió la silueta de la caja en la que se protegían los diamantes de miradas ajenas al salir a la calle a finales del siglo XIX, para convertirla en una joya ultra-moderna) y el homenaje al fundador, Charles Lewis Tiffany, dotan el espacio de un aire único: es una galería que merece la pena, por lo menos, visitar. Todo envuelto en el halo del famoso “azul Tiffany”, una marca ya registrada, que fue creado para impactar desde sus inicios en la Nueva York, gris y decimonónica.

No en vano, en esta firma dejaron huella profunda el movimiento art-decó y las esplendorosas fiestas que duraban semanas enteras (de la mano de Louis Confort Tiffany) a mitad del siglo pasado; así como los fichajes de grandes del diseño como Jean Schlumberger, (1950-1975), Frank Gehry y Elsa Peretti. La vinculación activa de artistas como Andy Warhol y, hoy en día, Paloma Picasso, marca el itinerario dirigido a una noción bautizada como “lujo accesible”. Piezas preciosas al alcance del público, obsesión por contar –desde la belleza estética- un universo comprometido con su entorno político y social. De ahí que esta firma acumule hitos curiosos: desde haber realizado el diseño del sello de armas de Estados Unidos en el billete de un dólar y de las medallas de honor que se merecieron los ganadores de la guerra de la independencia, hasta la primera invitación que se hiciera para inaugurar la Estatua de la Libertad y la elaboración de la pala de plata con la que se abrió el metro en Nueva York.

Hoy los corazones en plata y oro (que contienen el mensaje impreso de “en caso de pérdida, por favor devolver a Tiffany), la línea sobria de Atlas, las perlas cultivadas y, por supuesto, los diamantes que han hecho emblemática a la firma sugieren mundos nuevos nacidos de una leyenda. Quizá por eso, Holly (Audrey Hepburn) se permite el lujo de decir, en la biblioteca pública de la Gran Manzana, que es un sitio muy aburrido donde no ve ningún libro. “Ni siquiera es bonito como Tiffany” asegura en la película con los labios fruncidos.

A Luciano Rodembusch (de origen germano-brasileño), vice-presidente de Tiffany para Latinoamérica y el Caribe, la entrada en Colombia parece haberle estimulado su vocación como talentoso contador de historias. Las cifras y las anécdotas acompañan su conversación. La expansión que realiza actualmente esta compañía pública -que cotiza en la Bolsa- está particularmente enfocada en América Latina. Un viraje importante pues, desde que Tiffany decidió crecer fuera de Estados Unidos (en 1986, tenía tan solo seis tiendas en territorio norteamericano), los esfuerzos estuvieron dirigidos principalmente a Japón y Europa. En este momento, con tiendas propias (México y Brasil) y consorcios locales (Panamá, Ecuador, Colombia, Costa Rica, Argentina, Uruguay y Paraguay), Tiffany se propone seducir a un mercado en claro crecimiento económico. Sus nueve mil empleados y sus casi trescientos puntos de venta en el mundo no permiten parar un segundo.

 Luciano Rodembusch (LR): “Nos empeñamos en construir diseño e impactar en el público. Esto viene de nuestro fundador que, en 1837, vivió en un país sin identidad y en cuya construcción se involucró intencionalmente. Estados Unidos no quiso ser europeo, en el sentido de no desear ser aristocrático pero sí decidió crear lujo. Tiffany intenta armar estándares en este sentido, con sus cuberterías de plata y de antiguas joyas francesas que eran trabajadas de nuevo –fijando nuevos referencias de pureza para el platino, por ejemplo- así como la manera de relacionarse con la gente. La visión ha sido siempre clara: hay que ser distinto.

El Espectador / Silla Verde (EE / SV): Hubo invención y visión, al tiempo…

LR: “Es que la compañía supo aprovechar materiales que a nadie se le había ocurrido trabajar antes en joyería. El cable que se utilizó, en 1910, para conectar dos continentes –entre Londres y Nueva York-, se produjo en inmensas cantidades. Pues bien, la compañía compró estos sobrantes y realizó collares, pulseras y anillos con este cable. Surgió un concepto de desarrollar piezas que estuvieran vinculadas a lo que sucedía en la calle”.

EE / SV: ¿De qué otra manera mostró Tiffany su vigencia en una historia tan prolongada?

LR: “El artista y diseñador Jean Schlumberger fue precisamente invitado para insistir en un punto de vista específico sobre la moda, en una década –los 50- en el que este sector comenzaba a invadir la vida cotidiana. Desarrolló tantas piezas que todavía conservamos, en nuestros archivos, dibujos originales de joyas que nuestros artesanos actuales van recuperando poco a poco, según las indicaciones de la directora creativa. Su obsesión por la naturaleza fue inmensa: los pájaros, las flores de pétalos oscilantes en diamantes. Elsa Peretti logró más tarde reforzar esta conexión de Tiffany con la moda. Luego vinieron las invitaciones para que diseñadores internacionales crearan las vitrinas de nuestra sede principal en la Quinta Avenida”

EE / SV: Pero hubo obstáculos complicados en el camino, ¿no?

LR: “Tiffany vivió años difíciles cuando Avon, a comienzos de los años 70, compró la compañía. Había dos caminos: masificar la marca o dejarla tal y como estaba. El equipo responsable de Tiffany para Avon en la época decidió salvarla con una decisión insólita tras salir en búsqueda de inversionistas para recuperar la marca: resolvieron comprar la compañía ellos mismos. De manera que se volvieron dueños y no solamente directivos. Es este sentimiento de propiedad y de honor el que continúa todavía. Nuestra responsabilidad es prolongar este legado. Nos hemos involucrado culturalmente en cada país. A Japón, por ejemplo, Tiffany le diseña piezas exclusivos para sus ceremonias de compromiso porque los dedos de nuestras clientes japonesas son más delgados que en el resto del mundo”.

EE / SV: ¿Cómo es la relación con el consumidor latinoamericano?

LR: “Difícil en términos de impuestos pero culturalmente es muy agradable porque trabajamos con piedras, plata y oro. Estos tres materiales están íntimamente ligados a los pueblos indígenas de este continente. Nos permite conectarnos de manera muy directa, no tenemos que explicar el sentido del color o el valor del material. Hemos creado un equipo de trabajo solamente enfocado en Latinoamérica. Las joyas son un tema cultural y debemos estar preparados para entender las diferencias que encontramos en cada país. Ofrecemos piezas de celebración inmediata o de compromisos más profundos a través de varias líneas de diseño. “Hay Tiffany para todos los momentos y personas”, decía nuestro fundador”.

EE / SV: El sector de la joyería mantiene una tensión con el mundo contemporáneo en relación con la problemática medio-ambiental y las condiciones laborales de sus trabajadores. ¿Cómo lidia con esto Tiffany?

LR: “Hacemos el montaje de nuestras piezas en Estados Unidos. El corte se hace previamente en Holanda y países africanos. Vietnam es un epicentro muy importante para el trabajo artesanal con diamantes pequeños. Nos hemos involucrado en la calidad de vida de nuestros trabajadores y en la creación de la Fundación Tiffany que está enfocada en la protección de espacios naturales, únicos. Por ejemplo, la compañía le ha advertido a Canadá que no comprará sus diamantes si violentan zonas declaradas protegidas”.

Publicado en la edición impresa de El Espectador, lunes 22 de setpiembre de 2014.

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La Vida Animada
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Elogio de la lectura

"Esta es mi técnica, resucito a través de la ropa. Tanto es así que me resulta imposible recordar lo que hice, lo que me sucedió, a menos que recuerde lo que llevaba puesto. Siempre que desecho un suéter o un vestido, desecho parte de mi vida. En "Chicas bailarinas" de Margaret Atwood (Lumen).

"No se atrevía a seguir mirando al espejo. No podía enfrentarse a todo ese horror: el vestido de seda de un amarillo pálido, tontamente pasado de moda, con su falda larga y sus altas mangas y su cintura y todas las cosas que le parecieron atractivas en el libro..." en La señora Dalloway recibe. Virginia Woolf ("El vestido nuevo". Editorial LUMEN).

"En la mesa de al lado había una dama maravillosa con unos hombros preciosos, una espalda recta y un vetido tan divino que me daban ganas de llorar. Era tan bonito porque ella no necesitaba pensar cómo conseguirlo, se notaba solo con verlo" en La chica de seda artificial. Irmgard Keun (Editorial Minúscula, 2004. Primera vez publicada en 1932).

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Sobre la autora

“Esta revista digital la elaboro en Bogotá, la ciudad asentada sobre una silla verde, tal como sugiere el escritor Germán Arciniégas al referirse a las montañas orientales que la resguardan.”

Rocio Arias Hofman es politóloga y periodista en radio, prensa, televisión y medios digitales. Nació en Madrid y vive en Colombia desde 1994.

En 2012 creó sentadaensusillaverde.com para investigar, escribir y publicar historias detrás de la moda. Sus piezas periodísticas aparecen también en los medios colombianos El Espectador, Fucisa Diners. Participa en conversaciones, foros y eventos académicos relacionados con la industria de la moda y sus protagonistas. Ha sido jurado de los PREMIOS CROMOS DE MODA 2014, PREMIOS DE DISEÑO LÁPIZ DE ACERO 2015, categoría Moda, CONVOCATORIA "SE BUSCA DISEÑADOR" 2016 Fucsia y PREMIO FESTILANA 2016. 

Como empresaria ha creado SILLAVERDE -Portal de la moda en Colombia-, una compañía a través de la que edita y produce contenidos para distintos formatos periodísticos que acercan la información de moda al público. Consultora de Artesanías de Colombia. Dirige el ciclo MODA 360 de la Cámara de Comercio de Bogotá.

Cofundadora de la FUNDACIÓN MALPENSANTE con el escritor y columnista Andrés Hoyos. Una entidad sin ánimo de lucro que crea contenidos vinculados a las artes y produce festivales, exposiciones y encuentros con el público en torno a la lectura. 

Maestros ancestrales 2017

La revista Fucsia, Artesanías de Colombia y el INALDE se unieron este año para la iniciativa "Maestros ancestrales". En esta, algunas marcas locales como Isabel Henao, Aldea, MAZ interactuaron y co-crearon cápsulas con la comunidad wounaan, wounaan pour y embera.


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ISABEL HENAO

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