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Moda & Tradición Artesanal

La construcción de una relación virtuosa entre diseñadores y artesanos es un reto para Colombia. Todos debemos aportar para que este sector se fortalezca en la mejor dirección.

Hilos que hablan solos

El cumare proviene de un árbol de la región amazónica en Colombia. Muy preciado por su resistencia, es objeto de estudio en la Universidad Jorge Tadeo Lozano con miras a desarrollar nanotecnología aplicada a esta fibra vegetal para crear un nuevo textil.

"DRESS UP" DE AMAAALIA

La ilustradora colombiana Amalia Restrepo muestra con su serie de animales que lucen accesorios en qué consiste la banalidad o la inmensa astucia del mundo de la moda.

CAS A PORTER

Kika Vargas y Bibi Marini abren un espacio para el diseño que revela la personalidad de las creadoras colombianas. Moda, accesorios, mobiliario y libros. En CC El Retiro, Bogotá.

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¡FELIZ 2017!

Con la ilustradora Amalia Restrepo nos pusimos a la tarea de crear una pieza que pueda acompañarlos de enero a diciembre de 2017. Aquí está: es la SillaVerde interpretada por @amaaalia. Es una tarjeta-calendario que pueden obtener físicamente escribiendo a info@sillaverde.co

LABOR CONSTANTE

Como consultora del Programa de Moda y Joyería de Artesanías de Colombia, Rocio Arias Hofman realiza talleres dirigidos a comunidades artesanas en sus lugares de origen y fomenta la plataforma comercial MODA VIVA.

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MERCEDES SALAZAR, UNA HECHICERA DEL SIGLO XXI

Publicado 2014-07-14 00:00:00 | Por Rocio Arias Hofman

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De la mano de esta joyera brotó hace quince años una manera distinta de adornar el cuerpo y comunicar, con objetos, ciertos sentimientos. Hoy su marca es sinónimo de sensualidad, juego, magia y delicado trabajo artesanal en varios países del mundo. Perfil de una mujer contemporánea dotada de poderes atávicos.

Las moras suenan al caer. Las he oído. Clock, clock, clock. Como si fueran pequeños cantos rodados de un río desbordado chocando entre sí. En el taller de Mercedes Salazar pueden pasar cosas inimaginables. Que las moras te sorprendan con su repiqueteo de granizada frutal es, pues, apenas natural. Mercedes Salazar recoge con sus dedos finos la cascada de estas figuras redondas en un gesto tan rápido y certero que se diría dueña de una mesa de juego. Y pensándolo bien, sí lo es. Una mujer que pasa el día engarzando puños de tagua, colmillos rojos, calaveras, flores esmaltadas, zafiros y rubíes, perlas en pepitas, mallas, caballitos alebrestados, soles de metal que parecen astros de papel, corazones escritos, coronas diminutas, estrellas de puntas curvadas, pistolas colgantes y carritos de plástico verde. Una alquimista de pasión desmedida formada en la Escuela de Bellas Artes de México, país al que salió disparada (“México me eligió a mí”) tras terminar el bachillerato en el colegio Helvetia de Bogotá, su ciudad de nacimiento.

La misma capital en la que comenzó a dar a luz a sus tres hijos –Lorenza, Antonio y Ana Perla- con solo veintitrés años. Acaba de cumplir treinta y nueve y la empresa de joyería que armó impulsada por su marido, Diego Martínez, es una plataforma empresarial contundente. Cuentan con seis almacenes en Colombia, uno en el Distrito Federal del país azteca (que tantos colores y saberes le dejó) y una tienda online. La vida se mueve deprisa para Mercedes Salazar y, sin embargo, está acostumbrada a pensar. “Mis ideas van más rápido que mis manos” y una sonrisa tremenda invade su rostro como un relámpago atravesando el firmamento. La presencia escénica de Mercedes es fortísima. Enamora constantemente. Su mayor habilidad quizá consiste en haber canalizado tanta seducción incontenible a través de los miles de objetos que inventa. Así, quien caiga rendido a sus pies puede, al menos, consolarse con un collar de triángulos dorados o con un brazalete negro que evoca la India.

“Aquí está la magia… En la finca hay un cultivo de moras. Mi mamá, cada semana, le envía mermelada casera a mis hijos. En un potrero está el primer sembrado de moras que hizo mi papá. Era mi sitio preferido, es un vínculo con el amor. Estas –y me muestra un puñado de moras elaboradas en bronce y sumergidas en un baño de oro rosado- no sé dónde van a ir a parar pero me da felicidad tenerlas cerca. Me pasa mucho con la materia prima: me da alegría su presencia y eso es suficiente, no tengo que usarlas”. Mercedes, Merce o Mechas, Merceditas –como la llaman empleados, amigos, familia en riguroso orden- se refiere a “Cucurubá”, la finca aupada sobre la verde Sabana bogotana que compró su abuelo paterno, el empresario paisa Marco Emilio Mora. Allí sobreviven las matas de moras, más abajo del corral de los conejos, alejadas de la vaca Lola que pasta indolente mientras que la fotógrafa María Elisa Duque y el equipo de producción de la revista Diners registran a Mercedes Salazar en su hábitat íntimo.

La orfebre vestida, para este perfil periodístico, con prendas de diseñadores colombianos que la “dejan ser” con su carácter de piezas de arte. Hundiendo su atesorado par de Louboutin en la tierra húmeda. La finca, un espejo de sí misma. El lugar al que ella acude cada vez que puede con su familia. Donde todavía guarda varias pistolas y trabucos de la formidable colección de armas de su padre, Fernando Salazar –muerto en 1982, cuando la joyera era apenas una niña de siete años fascinada por los objetos-. “Cuando no cazaba, mi papá solo leía. Odiaba las reuniones sociales. Trabajaba en una empresa de cables, estudió en Trinidad y Tobago. Era muy raro. Y muy guapo. Cariñoso conmigo y con mis tres hermanas. Sin discursos. Recuerdo cómo se engominaba el pelo, sus trajes impecables” y Mercedes Salazar desmenuza lo que queda del hombre que no olvida entre sus manos: un suéter vino tinto en cachemire, pares de botas tejanas, unas hebillas de cinturones Remington.

En el barrio Niza, al occidente de Bogotá, todavía está la casa en la que pasó Mercedes Salazar la mayor parte de su infancia. Y perdura la tranquilidad de barrio donde los vecinos se reconocen para siempre. Allí, la niña embelesada con la caja de acrílico donde su madre, Margarita Mora, atesoraba objetos preciados, aprendió cómo las señoras hacían delicadas piezas en porcelana. Desde esta zona se movía cerca a tomar clases de cerámica, tallado, pintura. Atleta reconocida en el colegio y habilidosa con sus manos inquietas, Mercedes supo muy pronto que el resto de las materias escolares no tenían nada que ver con ella. También entendió que a su madre, viuda a los cuarenta y siete, con cuatro niñas bajo su ala, la vida le iba a tocar como fue: dura y arisca. Los apellidos trazando las fronteras de los clanes familiares que circundan a Mercedes: Piedrahíta, Holguín, Mora. Una realidad también intensa, a veces feroz, que la emparenta en una sociedad acostumbrada a demarcar sus límites sin compasión.

“Las historias de las familias nunca se saben suficientemente, nunca conoces bien las realidades” concluye la joyera. Suena a sentencia tolstoiana, comento. Y ella arquea sus cejas, increíblemente perfiladas por la Naturaleza. Mercedes tiene un aire ancestral. De huesos pronunciados, desde los pómulos hasta los tobillos. Una melena indómita que permanece recogida en moño de bailarina durante sus extensas jornadas de trabajo. La piel de color aceituna. Parece gozar de una libertad reservada para ella. Ni siquiera utiliza bolso, la atadura que esclaviza silenciosamente a las mujeres. No va a los bancos, apenas firma cheques porque su marido –encargado de la operación financiera de Mercedes Salazar Joyería- suele replicar mal su propia firma. Y guarda con celo las piezas de colecciones que no resultan comercialmente. “La línea de joyas de juguetes bélicos, para replantear el significado de las piñatas infantiles, me la soñé pero el mercado no la entendió. La idea la volví real. Cuando la idea se vuelve tangible, puedo respirar. Aquí están las pistolas que disparan chorros de amor”. En Mercedes Salazar el pragmatismo y la espiritualidad conviven como una aleación recetada. No puede dar marcha atrás: la artista es empresaria también. Y siente una enorme responsabilidad por las ochenta personas que participan en la compañía. Hombres y mujeres con los que vuelve realidad sus ficciones.

Espoleada continuamente por su propia imaginación. Halada hasta los tambores –unos barriles de plástico azul- que pulen durante horas pequeñas piezas de metal en el jardín de su laboratorio de ideas. Elocuente mujer chamán que nació urbana hace treinta y nueve años pero que recorre libre geografías indígenas. Mercedes Salazar es cosmopolita en un sentido mayúsculo. Se mueve como pez en el agua tanto en Nueva York –donde acude varias veces al año para atender el show-room de sus colecciones- como en Tuchín, el pueblo colombiano donde viven los artesanos con los que trabaja aplicando sus conocimientos de diseñadora de joyas a las técnicas indígenas tradicionales.

“Yo no siento que la joyería sea un tema comercial, para mí es un medio de expresión, voy contando lo que me va pasando a través de estas piezas”. El comentario lo hace inclinada sobre una mesa de madera basta, donde una de las treinta personas que trabajan en el taller -ubicado en una casa amplia al norte de Bogotá- martilla monedas de veinte pesos que ya salieron de circulación. Aureliano Buendía podría aparecer en cualquier momento. En otra mesa se perfilan pescaditos, más allá restallan los cinceles. Móntame este en una pulserita azul, que le tomen foto. Estos en cartoncito, aquí quiero una cadena de 90 cm de eslabón pequeño y vas ubicando los dijes a 5 cm. Esto va en una pulsera de perlas con chaquiras doradas, indica.


El ritmo frenético. Los pedidos internacionales a través de Amazon, las solicitudes de compañías como La Francol, Marca País, Ford, Proexport, Hoteles Charleston y la demanda cotidiana de los puntos de venta. “Si solamente siguiera haciendo lo que se vende, estaría haciendo corazones escritos. Llevo diez años vendiéndolos, los diseñé un día -que estaba triste- pensando que sería una colección pero la gente pide y pide. De manera que ya es una referente de la marca, y de accesorios en el mundo. Los copian, con los mismos textos, y los venden por miles en el centro. Si no me interesara diseñar, solo haría corazones en plata, bronce, acrílico. ¿Te imaginas?”.

A Mercedes Salazar le está pasando algo diferente desde hace un rato. Ya no busca temas en otras culturas, prefiere mirar hacia dentro. Todos sus sentidos están puestos en el pasado y presente de su país. Quisiera irse a vivir una temporada a Mompox, la tierra de la filigrana en Colombia, para intercambiar talentos: su capacidad para el diseño por las técnicas tradicionales aplicadas en esa joyería fina que repite sin cesar las mismas piezas. Por otro lado, los miércoles por la tarde acompaña el trabajo de la Fundación Teatro Interno en la cárcel de mujeres en Bogotá y ya cuenta con una decena de reclusas embarcadas laboralmente en el aprendizaje y producción de piezas para Mercedes Salazar Joyería.

Contemplativa y terrenal, la mujer hechicera interviene –a través de un programa de diseño hallado en el computador- las nubes que fotografía, fascinada por sus formas infinitas y las comparte en Twitter. En junio repartió a manos llenas pulseras de apoyo a la Selección Colombia de fútbol. Las reacciones de uno y otro proyecto han sido contagiosas entre el público. Sin ceder a tentaciones inmediatas (¿un libro, una exposición?), Mercedes Salazar prefiere refugiarse en la cocina y acompañar, fascinada, la habilidad que demuestra su hija Lorenza para ensayar mil y una recetas de cupcakes, el postre que da vida al blog de la quinceañera. Desde el salón luminoso, llega -en ráfagas- la quebrada voz de Chavela Vargas: Uno vuelve siempre /a los viejos sitios /en que amó la vida, / y entonces comprende / cómo están de ausentes / las cosas queridas.

Publicado en la revista Diners, portada de la edición de julio de 2014.

 

 

Octubre

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2017

Calendario MODA EN COLOMBIA

COLOMBIAMODA (Medellín): 25 al 27 de JULIO

ECOSISTEMA ARTE (Bogotá): 22 y 23 de SEPTIEMBRE

CALI EXPOSHOW (Cali): 20 al 23 de SEPTIEMBRE

B CAPITAL (Bogotá): 18 al 20 de OCTUBRE

FERIAS DE ARTE (Bogotá): 26 al 29 de OCTUBRE

EXPOARTESANÍAS / MODA VIVA (Bogotá): 6 al 19 de DICIEMBRE

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Elogio de la lectura

"Esta es mi técnica, resucito a través de la ropa. Tanto es así que me resulta imposible recordar lo que hice, lo que me sucedió, a menos que recuerde lo que llevaba puesto. Siempre que desecho un suéter o un vestido, desecho parte de mi vida. En "Chicas bailarinas" de Margaret Atwood (Lumen).

"No se atrevía a seguir mirando al espejo. No podía enfrentarse a todo ese horror: el vestido de seda de un amarillo pálido, tontamente pasado de moda, con su falda larga y sus altas mangas y su cintura y todas las cosas que le parecieron atractivas en el libro..." en La señora Dalloway recibe. Virginia Woolf ("El vestido nuevo". Editorial LUMEN).

"En la mesa de al lado había una dama maravillosa con unos hombros preciosos, una espalda recta y un vetido tan divino que me daban ganas de llorar. Era tan bonito porque ella no necesitaba pensar cómo conseguirlo, se notaba solo con verlo" en La chica de seda artificial. Irmgard Keun (Editorial Minúscula, 2004. Primera vez publicada en 1932).

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Sobre la autora

“Esta revista digital la elaboro en Bogotá, la ciudad asentada sobre una silla verde, tal como sugiere el escritor Germán Arciniégas al referirse a las montañas orientales que la resguardan.”

Rocio Arias Hofman es politóloga y periodista en radio, prensa, televisión y medios digitales. Nació en Madrid y vive en Colombia desde 1994.

En 2012 creó sentadaensusillaverde.com para investigar, escribir y publicar historias detrás de la moda. Sus piezas periodísticas aparecen también en los medios colombianos El Espectador, Fucisa Diners. Participa en conversaciones, foros y eventos académicos relacionados con la industria de la moda y sus protagonistas. Ha sido jurado de los PREMIOS CROMOS DE MODA 2014, PREMIOS DE DISEÑO LÁPIZ DE ACERO 2015, categoría Moda, CONVOCATORIA "SE BUSCA DISEÑADOR" 2016 Fucsia y PREMIO FESTILANA 2016. 

Como empresaria ha creado SILLAVERDE -Portal de la moda en Colombia-, una compañía a través de la que edita y produce contenidos para distintos formatos periodísticos que acercan la información de moda al público. Consultora de Artesanías de Colombia. Dirige el ciclo MODA 360 de la Cámara de Comercio de Bogotá.

Cofundadora de la FUNDACIÓN MALPENSANTE con el escritor y columnista Andrés Hoyos. Una entidad sin ánimo de lucro que crea contenidos vinculados a las artes y produce festivales, exposiciones y encuentros con el público en torno a la lectura. 

Colombiamoda 2017

La edición 28 del principal evento de moda en Colombia reúne nombres indispensables del diseño nacional. Sus más recientes colecciones se presentan del 25 al 27 de julio de 2017 en Medellín. Aquí está un detalle sugestivo que nos ceden algunas de las marcas participantes. Bocetos, color, textiles, inspiración y más para anticipar lo que viene.

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PEPA POMBO

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DIANA CRUMP

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SOY

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PAPEL DE PUNTO

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DIANA GÓMEZ

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MULIERR

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LINA CANTILLO

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NOISE LAB

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