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Moda & Tradición Artesanal

La construcción de una relación virtuosa entre diseñadores y artesanos es un reto para Colombia. Todos debemos aportar para que este sector se fortalezca en la mejor dirección.

Hilos que hablan solos

El cumare proviene de un árbol de la región amazónica en Colombia. Muy preciado por su resistencia, es objeto de estudio en la Universidad Jorge Tadeo Lozano con miras a desarrollar nanotecnología aplicada a esta fibra vegetal para crear un nuevo textil.

"DRESS UP" DE AMAAALIA

La ilustradora colombiana Amalia Restrepo muestra con su serie de animales que lucen accesorios en qué consiste la banalidad o la inmensa astucia del mundo de la moda.

CAS A PORTER

Kika Vargas y Bibi Marini abren un espacio para el diseño que revela la personalidad de las creadoras colombianas. Moda, accesorios, mobiliario y libros. En CC El Retiro, Bogotá.

Valores de SillaVerde

Esta revista digital pertenece a la compañía SillaVerde en Colombia. Cuatro colores identifican las actividades y valores de la marca: Periodismo (humo) + Moda (lila) + Economía Naranja (durazno) + Sostenibilidad (verde) Contacto: info@sillaverde.co

LABOR CONSTANTE

Como consultora del Programa de Moda y Joyería de Artesanías de Colombia, Rocio Arias Hofman realiza talleres dirigidos a comunidades artesanas en sus lugares de origen y fomenta la plataforma comercial MODA VIVA.

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Intimidades de P'al Alma /Editorial de moda

Publicado 2017-08-31 06:00:00 | Por Rocio Arias Hofman

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Mi nombre es María Alexandra Bueno, pero para la marca dejé Alexandra Bueno. Nací el 8 de enero de 1989, en Bogotá. Tengo dos hermanos: María Daniela (24 años) y María Manuela (18 años), todas somos Marías. Ellas son menores, Dani es chef y sommelier; Manu acaba de terminar el colegio y quiere estudiar literatura o ilustración. De otros matrimonios de mi papá, tengo más hermanas, somos ocho en total, todas mujeres. Mi papá se llama Pablo Bueno y es administrador de empresas, ahora vive en Suiza. Mi mamá se llama Adriana Tavera, es diseñadora de modas. Ella estudió en la Arturo Tejada e hizo una especialización en marroquinería en florencia. Se casó de diecinueve y a mí me tuvo a los veinte. Hizo la especialización en marroquinería cuando ya estábamos grandes: se fue tres meses a Italia.

Mis papás se separaron hace siete años. Mi mamá trabajaba desde la casa, hacía muchas cosas en cuero porque también estudió en la Santo Domingo de Artes y oficios. Hacía cosas para el hogar, diseño industrial y diseño de interiores. La veía trabajar con cuero, con artesanos. Estuvo seis años yendo a Artesanías de Colombia con sus cosas, trabajaba con los artesanos de Córdoba y se iba con ellos a las comunidades. Siempre me tocó ver de cerca el trabajo artesanal y manual. Ella también trabajó con unas artesanas de Chía, que son las que le bordan en croché y macramé. Por eso cuando empecé mi proceso me involucré mucho con artesanal y manual.  

Estudié en Caobos y ellas en el Helvetia. No estudié ahí porque los cupos eran muy limitados y cuando ya volví a aplicar el francés lo tenía que coger en nada, en dos meses. Estudié diseño industrial en la Tadeo Lozano e hice cursos de patronaje y estilismo en la Arturo Tejada y en Nueva York. Me gradué de la Tadeo más o menos en 2013. Y en los veranos iba a Nueva York a hacer en los de estilismo. Es de  lo que más me gusta hacer, la producción, las fotos. Es el sueño realizado, todo lo que te imaginaste lo puedes plasmar, ver el trabajo materializado.  En el colegio las materias que más me gustaban eran sociales, geografía y arte. Me costaba mucho trabajo química, física. Pasaba muy rico en el colegio y le cogí mucho gusto a la lectura con una profesora en décimo, pero antes me quedaba dormida. En cambio la parte artística me la gozaba, las cosas visuales y manuales me las ponían a hacer a mí. Mis hermanas son más rebeldes, no fui necia, no llegaba de madrugada ni cambiaba tanto los planes.  

Soy más de ir a tomar un trago rico, hablar, bailar un rato, pero llegar temprano a la casa. Me cuesta más el trasnocho que el mismo trago. Yo tengo esposo, estoy casada y nos gusta ir a comer rico, tomarnos un vino. Muchas veces salimos a bailar con los amigos cuando hay cumpleaños. Nos gusta ensayar, siempre ir a sitios nuevos. Llevaba diez años con él y nos casamos el año pasado. Lo conocí en el club Guaymaral, jugando tenis. Él es administrador de empresas y trabaja con seguros.

Amo ver películas, me la paso mucho tiempo viéndolas. Me encantan las de época. También veo series y ahorita las series españolas me fascinan: El tiempo entre costuras, Velvet, El barco. Me vi una película española que se llama Palmas en las nieves, me encantó. Me gusta mucho la parte de vestimenta. Ver cómo logran la conceptualización en las prendas, te transportas por medio de ellas, eso es fundamental en una película: el pelo, el styling, el maquillaje. Es en lo que más me fijo. Le decía a mi esposo: ‘ponle pausa le tomo foto a ese vestido’. Cuando viajo le pongo mucho cuidado a la confección, amo viajar es lo que más me gusta en el mundo. Estambul me encantó, Abu Dabi, España –es en el único país donde viviría– San Sebastián, Madrid. Roma es increíble, Nueva York, Río también me encanta. Amo viajar, el clima de Hawai es fantástico. Ahorita  en Noviembre voy a Tokio, que es un sueño, a Bali y a Seúl, con mis hermanas que ya se graduaron. Viajar es algo que te enriquece como persona.

Cuando salí de estudiar tenía la idea de emprender y por eso desde que estaba en la universidad empecé a pensar en un modelo de negocio. Me gustaba mucho el diseño de interiores, todo lo que tiene que ver con casa y hogar. Y comencé haciendo vajillas a mano, cosas a mano para el hogar. Pero he tenido una pasión por la moda desde pequeña, entonces dentro de esa línea de hogar hice una línea de ropa que se llamaba Dité. Ahí empecé a sacar mis ideas, a explorar, porque es un camino largo para encontrar calidad, la gente que te haga las cosas que quieres. Y hubo un punto, el año pasado en Colombiamoda, en el que me di cuenta de que quería hacer solo ropa. Darla un aire más de diseño de autor, de lo que soy yo, de mi esencia. Ahí empecé a dedicarme solo a ropa y le puse Alexandra Bueno.

Me gustaban todos los diseños, el gráfico, el de moda. Y por mí yo estudiaba todos. Pero cuando analicé cada uno, me di cuenta de que el más completo era el industrial: es el que te abarca desde la raíz hasta lo más sencillo. Cuando estudié industrial habían dos materias muy interesantes, una de estructura y otra de materiales. Eso me hizo salir y plantearme cosas porque siempre pienso que los materiales le hablan a uno, son la base del diseño. Eso me dio el diseño industrial, pensar en el material, antes de pensar en un diseño como tal. El material te da la funcionalidad, la caída, te dice si se puede mezclar. Me encantaba la clase de estructura, y uno de mis proyectos finales fue crear ropa a través de bolsas recicladas, que tejían en Chía. Hacíamos hilazas de bolsas plásticas y hacíamos ropa. Estas prendas se podrían portar, pero no se pueden lavar, no tienen un cuidado fácil.

Mis papás siempre me apoyaron a seguir mis pasiones, sin importar si era un proyecto de negocio o no. Entonces dije  por qué no, soy joven. Luego de experimentar empiezas a pensar en encontrar un modelo de negocio que sea rentable, que dé para vivir.  Ahí empecé analizar.  Y entendí que, a pesar de que amo el diseño de interiores, el proceso es muy largo. Además estás compitiendo con personas que traen cosas de China todo el tiempo, en la ropa también. Pero en ella podemos plasmar cosas más autóctonas en las que podemos sobresalir. Empecé a mirar cómo podría plasmar lo industrial en la moda.

Busqué telas como neoprenos, licras que parecieran plásticas y las empecé a bordar a mano. La primera colección que saqué fue con bordados a mano con chaquiras: piña, hojas. Tenía un trabajo súper fuerte. Ahí es cuando ves los materiales y te das cuenta de que no combinan bien: la licra, por ejemplo, se caía mucho con el bordado.

Una temporada que me encanta es la de otoño-invierno, y saqué una colección también bordada a mano con paño. En donde bordábamos ya no piezas literales, sino abstractas. Eso fue el siguiente paso. Sin embargo, no me convencía la calidad de la gente que me estaba confeccionando. Entonces, duré seis meses buscando alguien que me confeccionara bien. Y di con una señora que lo hace bien con la que saqué una colección más hacia lo minimal, dejé a un lado lo manual y empecé a plasmar más mi estética: relajada, sencilla simple, no uso nada ajustado, me gusta sentirme cómoda. Desde ahí empieza todo este interés mío por generar piezas y prendas cómodas. Porque pienso que la comodidad es la que empodera a la mujer: si te sientes cómoda, te sientes segura. Por eso empezó esta inquietud de hacer prendas cómodas, más comerciales. Para mí el tema de lo comercial era súper complicado. Quería encontrar algo comercial pero que fuera mi ADN. Que se leyera eso y que la gente reconociera más mi diseño. Ese proceso empieza más o menos desde la tercera colección donde empecé a sacar más prendas que yo me pondría. Decoración y hogar es más o menos 2014, 2015 saco lo de ropa y 2016 es donde ya hago solo ropa.

Ya quería plasmar más mi identidad, mi estética, porque hacía muchas cosas lindas pero yo no me las podía poner. Porque siempre se idealiza a una mujer diferente a uno: estirada, estilizada, que todo le queda bien. Y así no es todo el mundo. Ese fue el paso más difícil. La gente que te compra a ti no es esa musa ideal sino la gente normal que se preocupa porque se le salga ese gordito acá, que le preocupa que se le vea la espalda. Son muchas cosas que uno tiene que empezar a analizar y ver. Cuando te empiezas a meter en siluetas que quieres que perduren, que quieres vivir de eso. Las mujeres hoy en día buscan diseño colombiano y sentirse seguras.

Yo mido 1.80, ser alta nunca fue un lío, aunque me alcancé a jorobar un poco porque mis amigas son chiquitas. Pero agradezco ser alta. Mi marido es un poquito más bajito, pero no se nota. Me encanta ponerme tacones. Y diseñaba mucho para altas, pero ahora me toca pensar que el promedio no tiene más altura que yo. Por defecto uno idealiza, aspira a ciertas cosas que le pone la sociedad. Es todo lo que te rodea que te está mostrando una mujer ideal, que hoy en día ha cambiado. Eso hace que el proceso creativo cambie porque estas pensando en mujeres de carne y hueso y no en vallas publicitarias.

Creo que para mí los materiales orgánicos y naturales son los que se identifican con la mujer de ahora. No son tanto esos plásticos. Es más un algodón, una fibra natural, otra cosa no te da seguridad, sino que te hace sentir tiesa. Son aquellos que te hacen sentir tranquila, no retenida por algo. Los materiales naturales creo que nos definen como mujeres. También tiene que ver con todo lo manual, y eso es algo que aprendí de mi mamá. Ella trabajó siempre con sus manos y hoy en día me dice: mira cómo las tengo, manchadas, acabadas. Y no solo es ella, sino todas las mujeres que trabajan con las manos, que es algo increíble. Esa parte sensible y manual es la que siento más cercana en este momento. Poder ver a quién me teje el vestido, a la señora que lo hace, es maravilloso. 

Esos vestidos se hacen con una técnica italiana, en una máquina que se debe hilar a mano. Con la mano lo vas formando, le creas la tensión, el tupido del tejido y dependiendo de eso van las hebras. Ella tiene las máquinas y ella me hace todos los tejidos. Hizo los de “Palma pal alma”. No se hace patrón, ella manualmente lo hace. Le digo cómo lo quiero, dibujo, las medidas, de qué grosor y ella manualmente lo hace. 

 

Al pasar del concepto al dibujo lo hago digital. Soy diseñadora industrial y, si bien tomé un curso de ilustración, no soy tan buena y me desespera el tema de que se me manche el papel. Soy muy psicorrígida. Lo hago en el ipad en un programa que se llama Fifty three Paper. Cojo una foto de una mujer, la pongo y encima dibujo, para tener bien las dimensiones del cuerpo. Trato de mantener una proporción de la  mujer real, no de figurín. Lo imprimo y pongo las muestras de las telas, las indicaciones y hago a parte unas fichas técnicas con odas las indicaciones para el taller. Hay un día en el que me siento todo el día en el taller con ellas a explicarles cada diseño. Ahora estoy trabajando en un taller en la 170. Para “Palma pal el alma”, en el taller hay más o menos 20 personas trabajando y las que me bordan son 25 mujeres. 

Por ahora soy persona natural en régimen común simplificado. Quiero crecer más la empresa antes de dar el paso, porque siento que si uno no está preparado se lo comen los impuestos y no vale la pena. Para poder declarar y pagar los impuestos, ahorita se me iría todo. La gente no se alcanza a imaginar lo que uno tiene que invertir para sacar una colección, a veces es con las uñas que uno la saca. Al final te das cuenta de que no tienes un peso y ahora qué voy a hacer para producir para poder vender. Después de Colombiamoda llegué sin un peso, entonces es esperar a que salgan pedidos y que esa plata pueda servir para producir lo que te piden. Es un proceso que a veces te sientas y dices ‘ahora qué voy a hacer’. Mi mamá y mi esposo son mi apoyo, son los que me ven llorar arrancarme los pelos. Es muy chévere contar con gente que te apoye y cree en ti. No todo el mundo la tiene, ni el apoyo, ni la forma de conseguir préstamos, o sacar las colecciones. Entonces, me siento muy afortunada de que la gente esté siempre ahí. Ahora trabajo en todos lados, porque soy mi empresa. Hago todos los procesos, por eso estoy buscando alguien que me ayude para poder cumplir con los tiempos y todo.

El tema con Primatela es que se tiene un pensamiento de que tienen cosas con mucho poliéster. Al principio me daba miedo, pero tuve la oportunidad de sentarme con Margarita y ella me mostró una cantidad de telas que tienen de buena calidad, que te dan los acabados que quieren. Conocí términos y posibilidades para acabados: qué se puede plisar, qué no, esas cosas que como diseñadora industrial no conoces y me encanta saber qué materiales te dan para eso o para lo otro. Fue todo un día que me senté a hablar de telas, diseño por diseño a ver qué servía para cada cosa. 

Cuando me dijeron lo de Primatela, empecé a diseñar la colección y sabía que Primatela siempre ha sido fuerte en denim, y pensé ‘por qué no’. Le comenté a Ana María Londoño y me dijo que le encantaba la idea. Entonces empecé a diseñar con denim y cuando le dije a Margarita, me dijo ‘no te puedo creer que te vayas por el denim, la gente no conoce lo que hay’.  Creo que el de Primatela es colombiano. A los diseñadores les da miedo meterse con denim porque son otros procesos. Ella me dio todas las bases del denim, me mostró los mejores que tenían y quedé enamorada. 



Todos los denim normalmente vienen en crudo, eso quiere decir que tienen una goma encima. Hay procesos manuales con los que se puede quitar, pero hoy en día existen lavanderías de denim. Tenemos fábricas de lavado colombianas muy buenas donde hacen todos los procesos y el mantenimiento. La lavandería la estoy manejando en Cali. Después de un proceso de buscar, porque Margarita me recomendó una en Medellín, di con una señora que está acá, pero manda a lavar en Cali. Ella es el intermediario para mandar, pero me comunico directamente con la diseñadora que está en Cali. De ellos me convenció la calidad. 

El mundo del denim es uno totalmente distinto al que uno conoce de la confección usual. El denim tiene muchos procesos y hay diseñadores de denim con los que tú trabajas para que te den los acabados que quieres. Al tú no conocer el proceso, debes investigarlo todo. Qué pasa, que el denim con el uso y los lavados se va deshilachando más y tiene que haber un tope donde digas ‘hasta ahí se puede deshilachar’. Eso lo aprendí con la chica que me hizo los lavados, ella me ha enseñado muchas terminologías de acabados y qué se puede hacer para que no se deshilache. Ella me dijo ‘ hasta dónde quieres que llegue el deshilache, tienes que hacerle costura’. Ya con la que me ayuda a hacer todo lo de denim, hicimos todo pensando en eso. Los chalecos o faldas con flecos largos, se hace la pieza completa de tela, y cuando se manda a lavado se cortan las tiras y se centrifuga para que se deshilache. Casi toda la tela se la come el lavado, no se hacen los flecos antes, se manda la pieza completa para lavar. Es cuestión de no mandarlo muy fuerte. Me pasó con una falda que lo mandamos muy fuerte y algunos flecos se los comía. 

En cuanto a la paleta de color, quería tener tendencia pero que fuera algo muy veraniego. Con el rosado, por ejemplo, quería algo que me contrastara, porque los cremas, pasando por los caquis, son paletas de mi agrado y trato de tenerlas en mis colecciones, pero el rosado me inquietaba mucho. Por eso intenté buscar uno desgastado, palo rosa, para que fuera más con mi ADN, no un fucsia fuerte. El denim es un poco más subido cuando lo tienes en crudo y escoges el tono al que lo quieres bajar. Una opción es buscar pantone y que te den ese tono en el denim. Otra opción es hacer un lavado industrial y bajarle solamente la tenacidad al color, eso fue lo que hice. Es un lavado en el que se meten todas las piezas y se le quita la goma, que es lo que le da el color. Es un lavado industrial para que le diera ese acabado suave. 

Las camisetas son de algodón orgánico, pima, de Perú. Me costó mucho trabajo conseguirla, porque solo la venden en Perú, y es una tela muy rica, es ideal. Los materiales que hay acá para camisetas no dan todavía para la calidad que quería. Quería que fuera holgadita, suave. Tuvimos que tener mucho cuidado con el bordado porque es una tela muy delicada. Tenía que ser súper pulido, no podía ser muy brusco porque se iba la tela. Zaira fue la que bordó, es una niña que me presentó Carlo Carrizosa, y es increíble. Sabe mucho, me ha explicado que para ciertos bordados se necesita ciertas tensiones. Ella me hace muestras y le digo por dónde. Hacemos ensayos de letras, colores. Es una planilla, como las que los niños usan para aprender a escribir. Ella hace esas plantillas lo marca, tensiona donde va a bordar y lo hace. Me gustó la muestra con bordado cordón y en ese hizo la caligrafía. 

Después del jurado del concurso, hablando de todo el tema tropical, de la inspiración, empecé a buscar un banco de palabras y frases que nos caracterizan a los colombianos –que no fueran en inglés–. Quería que además fueran contemporáneas, hoy en día toda la parte tropical e hispana nos toca mucho. Estaba buscando frases en tendencia pero más de nuestra cultura. El tema millenial que hablamos Ana Londoño, y mezclarlo con lo colombiano. Salieron estas frases. Me quedé con “Palo de mango”, “aguita de coco”, “aguita de coco fresca”, “comerse el cuento”, “dar papaya”, y los bordados de los bananos.  

La inspiración viene de mi infancia, pasaba la mayor parte de mis vacaciones en fincas tropicales –como Girardot–, teníamos árboles de plátano. Pasabamos vacaciones también Santa Marta. Dos de mis hermanas de otro matrimonio de hecho son de allá. En muchos vestidos está la hoja de plátano bordada y el plátano como tal. También teníamos un palo de mango en la finca. Todo eso quería plasmarlo en la colección, que fueran millenial también: el tema de las frases plasmadas, el coco.  

Creo que en todas las colecciones uno deja algo, pero siento que esta es a la que más pasión le he metido. Era un reto personal. Uno a veces se queda en lo que le gusta hacer y no hace nada más allá. No sabía de denim y tuve que investigar, explorar. El diseñador a veces deja de lado la parte investigativa de materiales porque le gusta es el diseño. 

Me fijo mucho en los detalles, trato que todo tenga personalidad. Con los botones intento marcarlos. Los de denim hay un proceso que se demora tres meses la marcada de los botones, entonces en este caso tuve que adaptarme a unos que conseguí, aunque sí quiero que eventualmente sea muy personalizado. Intento que todo vaya pulido, marcado, como quiero que salga. Me encanta enfocarme en los pequeños detalles. Fue un reto de meterle el alma y el cuerpo a todos los procesos. Me iba a cortar en láser todo el día y  a hacer las cosas. La siento más cercana porque a cada proceso le puse algo. Eso hace que esta colección salga como salió. Invertí alrededor de siete millones, teniendo en cuenta que las telas las proveyó Primatela y la producción del desfile fue a parte. En términos de tiempo fueron tres meses de trabajo, hasta los domingos en el taller. Muchas veces salen las cosas sobre el tiempo. Traté de tener todo lo antes posible. Carlo Carrizosa me ayudó mucho antes. Somos muy amigos y Carlo ha sido el que me ha empujado en muchas cosas, me ha dado confianza en mí, nos criticamos entre los dos ‘mejora esto, cambia este material’. Él no era comercial y se volvió muy comercial, entonces le pregunté cómo lo hizo y nos sentamos a hablar horas. Hacemos con mi mamá reuniones, miramos qué se está vendiendo más. Escuchamos los comentarios del cliente para crecer la marca. Carlo ha sido un apoyo siempre, me impulsó a meterme al concurso. 

Fucsia es una casa increíble, es una plataforma que tiene que seguir apoyando a los jóvenes, a los nuevos talentos. Te da a conocer, en mi caso mucha gente me conoce por Fucsia. Te hace crecer la marca. Y eso es lo que uno necesita. Porque vivir de incógnito en este país no te da. La gente cuando no sabe qué producto tienes o quién eres no se interesa. Ana María hace un trabajo muy personalizado, tiene aportes ajenos al mundo de uno, te quedan para tu crecimiento, no solo para el concurso y ya. Ante, por ejemplo, no era de imprimir todo y mirar cada cosa con su tela y ahora lo hago súper organizado y eso lo saqué de ella. Eso era lo que más me interesaba del concurso, no tanto la pasarela, porque sí es el resultado final, pero el proceso de aprendizaje es muy importante. La parte constructiva es lo más importante porque es lo que más cuesta: mirar los acabados, buscar gente, aprender terminología, el tema de Maya Memovic que es súper comercial, te da un giro para pensar qué se va a vender. Toda esa parte es la más enriquecedora. Lo que viene después es interesante. Pero lo mejor es lo que uno aprende con ellas. 

La idea ahora es consolidar la marca, darme a conocer, seguir adelante con mi ADN, vender afuera. Estaba invitada a lo de Latin Curated, pero no alcancé porque le metí mucha plata a la pasarela. Pero mi idea es poder salir afuera. No obstante quiero establecer un mercado acá y después expandir.  Hablando de técnicas artesanales, en mi ADN se podrían aplicar algunas como los tejidos, me gusta mucho el tejido en macramé, pero volverlo más cool, menos formal. Es cómo intervenir las técnicas pero que se siga viendo artesanal. 

La moda es el estilo propio. Y esa es la moda de uno. Es lo que te pones, con lo que te sientes bien. Todo el mundo capta la moda de forma distinta. El estilo personal es lo que define la moda. Por eso el street style es lo que define la tendencia. Qué proyectas, todos expresamos las moda de forma distinta. Ese es tu ADN.  

Las prendas de esta colección las veo para el día a día. La del chaleco con las piezas colgantes la veo caminando, yendo a almorzar. La del vestido con el bananito y el escote la veo en Cartagena en la ciudad vieja. La de falda de algodón plisado y denim color coral me la imagino más para una persona más joven en tierra caliente, paseando por ahí. El delantal de bananos podría ser en todos lados: se podría poner de salida o encima de los jeans. Acá en bogotá o en tierra caliente con una blusita y unas sandalias. Lo chévere es que se pueden combinar, son versátiles. Puedes accesorizar y los elevas o lo puedes usar de día.

 

Diciembre

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2017

Calendario MODA EN COLOMBIA

B CAPITAL (Bogotá): 18 al 20 de OCTUBRE

FERIAS DE ARTE (Bogotá): 26 al 29 de OCTUBRE

EXPOARTESANÍAS / MODA VIVA (Bogotá): 6 al 19 de DICIEMBRE

La Vida Animada
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Elogio de la lectura

"Esta es mi técnica, resucito a través de la ropa. Tanto es así que me resulta imposible recordar lo que hice, lo que me sucedió, a menos que recuerde lo que llevaba puesto. Siempre que desecho un suéter o un vestido, desecho parte de mi vida. En "Chicas bailarinas" de Margaret Atwood (Lumen).

"No se atrevía a seguir mirando al espejo. No podía enfrentarse a todo ese horror: el vestido de seda de un amarillo pálido, tontamente pasado de moda, con su falda larga y sus altas mangas y su cintura y todas las cosas que le parecieron atractivas en el libro..." en La señora Dalloway recibe. Virginia Woolf ("El vestido nuevo". Editorial LUMEN).

"En la mesa de al lado había una dama maravillosa con unos hombros preciosos, una espalda recta y un vetido tan divino que me daban ganas de llorar. Era tan bonito porque ella no necesitaba pensar cómo conseguirlo, se notaba solo con verlo" en La chica de seda artificial. Irmgard Keun (Editorial Minúscula, 2004. Primera vez publicada en 1932).

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Sobre la autora

“Esta revista digital la elaboro en Bogotá, la ciudad asentada sobre una silla verde, tal como sugiere el escritor Germán Arciniégas al referirse a las montañas orientales que la resguardan.”

Rocio Arias Hofman es politóloga y periodista en radio, prensa, televisión y medios digitales. Nació en Madrid y vive en Colombia desde 1994.

En 2012 creó sentadaensusillaverde.com para investigar, escribir y publicar historias detrás de la moda. Sus piezas periodísticas aparecen también en los medios colombianos El Espectador, Fucisa Diners. Participa en conversaciones, foros y eventos académicos relacionados con la industria de la moda y sus protagonistas. Ha sido jurado de los PREMIOS CROMOS DE MODA 2014, PREMIOS DE DISEÑO LÁPIZ DE ACERO 2015, categoría Moda, CONVOCATORIA "SE BUSCA DISEÑADOR" 2016 Fucsia y PREMIO FESTILANA 2016. 

Como empresaria ha creado SILLAVERDE -Portal de la moda en Colombia-, una compañía a través de la que edita y produce contenidos para distintos formatos periodísticos que acercan la información de moda al público. Consultora de Artesanías de Colombia. Dirige el ciclo MODA 360 de la Cámara de Comercio de Bogotá.

Cofundadora de la FUNDACIÓN MALPENSANTE con el escritor y columnista Andrés Hoyos. Una entidad sin ánimo de lucro que crea contenidos vinculados a las artes y produce festivales, exposiciones y encuentros con el público en torno a la lectura. 

Maestros ancestrales 2017

La revista Fucsia, Artesanías de Colombia y el INALDE se unieron este año para la iniciativa "Maestros ancestrales". En esta, algunas marcas locales como Isabel Henao, Aldea, MAZ interactuaron y co-crearon cápsulas con la comunidad wounaan, wounaan pour y embera.


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ISABEL HENAO

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CAROLINA SEPÚLVEDA

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