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Moda & Tradición Artesanal

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El otoño de Amelia Toro

Publicado 2014-10-24 00:00:00 | Por Rocio Arias Hofman

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En Bogotá se encuentra el único punto de venta de Amelia Toro en Bogotá. El 70% de su producción -hecha en Colombia- se exporta a 7 países y más de veinte puntos de venta en el mundo.

Si alguien sabe bien qué color y temperatura registra cada estación del año es Amelia Toro. La diseñadora nacida en Bogotá pasa buena parte de su vida en Nueva York. Antes, durante su etapa de formación artística, vivió en Italia, Francia y países asiáticos. Por eso, abordar una colección de otoño-invierno es según la batuta de Amelia Toro un asunto de revivir sensaciones para leerlas siempre en el estilo que caracteriza sus creaciones: nostálgica y cerebral.

Esa manera de recrear experiencias es parte del quehacer artístico que acometen los creadores. Es esa mil veces nombrada “visita al pasado” -tanto al histórico como al personal- la que suele arrojar aquel ingrediente que se necesita para dar forma y componer. En el caso de Amelia Toro, ciertas décadas de la moda (20’s y 50’s así como los 80’s), la arquitectura y la pintura en combinación con su biografía vivida en una geografía sin fronteras son las que alimentan sus colecciones. “Voy hacia atrás para detenerme en elementos que me cautivan y me nutro del presente. Con ambos elementos acabo proponiendo un pedacito de futuro cada vez que está listo mi trabajo” desgrana la diseñadora para quien el calendario está claramente dividido en estaciones –por cuenta de las exigencias del mercado de la moda internacional- y en países –según las rondas comerciales que deba cumplir-.

Acaba de presentar en Bogotá su propuesta para esa rara estación que alude al frío y a la caída de las hojas en su país de origen que es, al contrario, fundamentalmente caliente. Sin embargo, Bogotá –el lugar donde la diseñadora tiene su punto de venta en Colombia- sí registra esas temperaturas y actitudes que empatan tan fácil con el otoño-invierno. Por eso no falta el que se atreva a decir (mejor en voz baja porque corre el riesgo de ser mirado con desdén) que esta ciudad tropical a casi tres mil metros de altura en algo “se parece a Londres”.  "Bogotá siempre es otoño -dice la diseñadora- y se está volviendo muy fría. Además la personalidad de la gente en esta ciudad empata muy bien con esta estación en la que la naturaleza viva se percibe amortiguada". En simultánea la colección se comercializa, como cada línea de la diseñadora, en Canadá, Estados Unidos –en más de 15 puntos de venta en almacenes multimarca de ese país-, Suiza, Japón, Francia y Chile.

Amelia Toro sabe leer como pocos la estética y funcionalidad de cada ciclo climático. Es mujer viajera y recursiva, práctica y elegante. Además asume valientemente –como empresaria- lo que Christian Dior inventó a partir de su famosa colección bautizada como “New Look”, presentada en 1947: que los diseñadores –hoy en día exprimidos además por los grupos de inversión que espolean sus marcas- son los que imponen el ritmo al negocio de la moda con el ciclo imparable de colecciones anuales que se presentan y se agotan en sí mismas. Así las cosas, una colección otoño-invierno en Bogotá, más allá de la temperatura precisa, forma parte de un mercado visceral en el que la oferta colombiana debería cobrar cada vez mayor partido.

 Con el estilo que caracteriza su trabajo, Amelia Toro establece una secuencia de siluetas sueltas, combinación de tejidos en una sola pieza, bordes desflequados y exquisitez total en la producción. Sin embargo, esta vez la creadora de innumerables versiones del "pequeño vestido" matiza su personalidad con otras facetas que le permiten expresarse en un plano más informal (gabardina de mangas remangadas, abrigo tres cuartos en bermellón y azul denim, neopreno en tops y pantalones ajustados) y también “retro” (con el dúo cromático que Amelia Toro recupera de su maestro y mentor, Claude Montana: uva y verde aplicado en jumpers, chaquetas abiertas y en el vestido que funciona como punto de partida narrativo a toda la colección). “En febrero de este año, Montana vino a conocer mi colección en París, vestido con la misma power-jacket que le caracterizó desde que triunfara en la moda en los años 80, y fue muy preciso en decirme las piezas que le gustaban y cuáles no. Se dio cuenta del homenaje que le estaba haciendo con los colores y las siluetas de mis abrigos. Fue inevitable sentir nostalgia al lado de este maestro que no logró continuar su trabajo” revela la diseñadora.         

Una de las novedades de esta colección es, sin duda, la presencia de un atuendo de mujer-gladiadora. “El animal-print está siempre presente en geometrías y pieles en las colecciones de los diseñadores. Mi aporte personal en este territorio que tanto llama la atención es una "piel de lana con lentejuelas mate en color gris-perla que se cosen una a una sobrepuestas"" detalla Amelia Toro en referencia a esa suerte de Juana de Arco que viste con una mini-chaqueta con aspecto de armadura textil. “La tecnología está marcando la moda del siglo XXI produciendo textiles insólitos con acabados únicos. Esa es la gran novedad de nuestra época que nos permite soñar más allá de lo imaginado. Por otro lado, las pasarelas hoy son un espectáculo, más allá de la importancia de la confección de cada prenda. Me preocupa” parece decirse a si misma la diseñadora.

Si algo resulta muy "Amelia Toro" es el detalle artesanal de sus piezas en el sentido más tradicional y férreo del término: dobladillos, ensamble de cortes, concepción de las mangas y, por ejemplo, exultantes vuelos en la campana de las faldas. “Me gustan los objetos de cristal, la alfarería. Ese tipo de precisión técnica” revela. También está su otra vertiente artesana y es la que alude directamente a alguna particular técnica empleada por comunidades indígenas colombianas -poblaciones que siempre han estado presentes en su trabajo creativo y de responsabilidad social empresarial-. Este otoño-invierno 2014 en el que el negro reaparece mezclándose en buena parte de las prendas, el diseño de las "molas" (telas de vivos colores que se unen entre sí en pequeños espacios) es aplicado por la diseñadora colombiana en una sorprendente combinación visual: rosa "Schiaparelli" o rosa "mexicano", naranja amostazado y blanco arena.

"La mola ha traído color a mi vida. Es también Marruecos, una referencia estética y cultural. Me gusta aplicar esta técnica sobre crepé, por ejemplo" dice Amelia Toro con la voz queda, tan propia de ella. Tímida y atemperada, esta empresaria de la moda nacional capaz de haberse mantenido -a pesar de un par de crisis- en el mercado colombiano y el internacional hace de su forma de ser el espejo de su obra. Quizá por eso, su mezcla de textiles hablen tanto por ella: tejido de punto, sedas, satín y terciopelos. Nunca pieles, nunca cueros. Tejidos definidos y suaves que no son sometidos a estructuras herméticas. 

Los "abrigos-trenka", tan recursivos en plena época de lluvia-frío y semi-sol, se depuran cada vez más en manos de Amelia Toro. Olvídense del peso y de la sensación de una manta acalorada sobre el cuerpo. El brillo que tiene un trabajo creativo radica en buena medida en la paciencia y capacidad del diseñador para encontrar los materiales que hablen realmente por su creación. Asunto al que esta mujer, madre de tres hijos y de naturaleza curiosa, dedica buena parte de su tiempo. Aparecen así fantásticas lanas, paños y cashemere que envuelven el cuerpo y flotan a su alrededor. Dada la paleta discreta de su registro (grises, negros, chocolates) resultan un acompañante perfecto en cualquier maleta, sobre cualquier brazo.

A las líneas textiles, la diseñadora suma siempre una línea pulida de zapatos (mocasines, bailarinas y zapatos de salón), clutches y carteras de gran formato (en exquisitas pieles italianas) e incluso bodies para acariciar el cuerpo. Estas últimas prendas son motivo de obsesión personal para la diseñadora -pues nunca ha dejado de ser bailarina- y continúa enfrentándose a la pregunta sobre cómo hacer que la moda proponga una convivencia pacífica y respetuosa con el cuerpo de cada mujer. 

El tiempo apremia y la diseñadora debe siempre adelantarse a si misma. Amelia Toro está ultimando sus semanas comerciales en París y regresará a Bogotá para supervisar en su taller ubicado al noroccidente de la ciudad (donde, desde 1990, trabajan 150 personas dedicadas a la producción artesanal de cada pieza) los últimos detalles de la siguiente colección otoño-invierno, la de 2015-2016, que presentará en Nueva York en febrero del año que viene, luego en París y después en Milán y Japón. Solamente consiente en revelar que, tras indagar en archivos de museos, eligió al modisto inglés Charles James (conocido como el “escultor de la moda” en los años 40 en Estados Unidos) como su  próxima referencia histórica.

Publicado en las plataformas digitales de El Espectador, 6 de octubre de 2014

http://www.elespectador.com/entretenimiento/arteygente/gente/amelia-toro-nostalgica-y-cerebral-articulo-520494

Agosto

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Calendario MODA EN COLOMBIA

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LAFS (México): 8 al 11 de NOVIEMBRE

MODA VIVA EN EXPOARTESANÍAS (Boogtá): 5 al 18 de DICIEMBRE

La Vida Animada Moda 360
La Vida Animada
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Elogio de la lectura

Sección dedicada a las reseñas de libros cuyos autores tratan asuntos directamente relacionados con la industria de la moda o temas que resultan seductores abordajes a propósito de la estética, la indumentaria y su efecto social, económico, ambiental y político. Leemos con pulcritud y reseñamos obras de variados géneros. Ficción y no ficción cuentan con este espacio en SillaVerde.

La última de las mujeres elegantes -decía- fue Forzane, que inventó una nueva silueta femenina con poses que parecían de un canguro . ¿Recuerdan sus mañanas en la avenida del Bois con su inmensa sombrilla? Podía haber sido abocetada con la línea de una elipse. Después de ella ya no ha habido nadie más. En El Espejo de la Moda de Cecil Beaton (Editorial Vergara).

"Reparó en la presencia de su madre cuando esta lanzó un suspiro quejumbroso. Estaba muy erguida bajo aquel sombrero que llevaba como una bandera de su imaginaria dignidad. Julian tuvo el perverso impulso de quebrantar su entereza." En Cuentos Completos, Todo lo que asciende tiene que converger de Flannery O' Connor. (Editorial Debolsillo)

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Sobre nosotras

“Esta revista digital la elaboramos en Bogotá, la ciudad asentada sobre una silla verde, tal como sugiere el escritor Germán Arciniégas al referirse a las montañas orientales que la resguardan.”

ROCIO ARIAS HOFMAN es politóloga y periodista en radio, prensa, televisión y medios digitales. Nació en Madrid y vive en Colombia desde 1994.

En 2012 crea sentadaensusillaverde.com para investigar, escribir y publicar historias sobre la industria de la moda. Sus piezas periodísticas aparecen también en El Espectador, Fucisa, Diners y Vogue Latinoamérica. Participa en conversaciones, foros y actividades académicas. Jurado de los Premios Cromos de Moda 2014; Premios de Diseño Lápiz de Acero 2015, categoría Moda; Premio Festilana 2016; "Se busca diseñador Fucsia" 2016 y 2017. 

En 2017 lanza la plataforma audiovisual La Vida Animada en el canal Youtube en alianza con la firma Expor Mannequins.

Como empresaria funda la compañía SILLAVERDE SAS y la agencia Relatos a fuego lento, enfocadas en la creación de contenidos de moda con énfasis en sostenibilidad y tradición artesanal. Consultora de Artesanías de Colombia desde 2015. Dirige el ciclo de debates MODA 360 de la Cámara de Comercio de Bogotá desde 2015.

En la actualidad, cuenta con un equipo integrado por VALENTINA OSORIO, especialista en comunicaciones e innovación digital y por VERÓNICA SANTAMARÍA, estudiante de Diseño.

Trabajamos siempre en alianza con otras empresas y especialistas de la economía naranja en el desarrollo de nuevos proyectos que fortalezcan las industrias creativas.

EDITORIAL GRÁFICO

La historia de RELIGARE es un relato poderoso en torno a una fibra -el cumare-, a una comunidad indígena -la koreguaje- y a un modelo de negocio que crece basado en la convocatoria de consumidores que se sientan motivados para creer en la moda sostenible tanto en sus procesos, en su consumo y en sus historias. Manuela Peña es su directora creativa.

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