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Moda & Tradición Artesanal

La construcción de una relación virtuosa entre diseñadores y artesanos es un reto para Colombia. Todos debemos aportar para que este sector se fortalezca en la mejor dirección.

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Diego Guarnizo, amor por un oficio

Publicado 2014-10-13 00:00:00 | Por Rocio Arias Hofman

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La dirección de arte de buena parte de la televisión en Colombia tiene sello propio. Es obra del Taller Guarnizo Lizarralde, una empresa reconocida por su creatividad y calidad tanto en diseño de vestuario como en escenografías. De esta dupla ¿quién es Diego, el creador de moda que acumula tantos tesoros como saberes?

La sopa de cebada se sirve espesa, humeante y olorosa a cilantro. Sin duda, un plato que recompone espíritus y fatigas. Barato y alimenticio. Por eso, no es extraño que sea parte del menú que se le sirve a visitantes y al esforzado equipo de producción de Esmeraldas, una nueva serie que graba en una enorme hacienda cercana a La Victoria (Cundinamarca) el reconocido director colombiano “Peto” Restrepo para un canal nacional de televisión.

Diego Guarnizo consume su tazón de sopa con una calma inversamente proporcional a la velocidad con la que recupera de la memoria obstáculos y anécdotas que le permiten exclamar “¡Mira dónde he llegado!” mientras señala con la cuchara camino abajo, donde están detenidos los camiones que contienen vestidos, zapatos, sombreros, sillas, espejos, percheros, sofás, vajillas, luces, maderas, hilos, agujas, maletines. Un trasteo minucioso y enorme que espera cobrar vida en un par de casonas magníficas y devastadas por el tiempo en esta zona de cafetales y macadamias. En los vehículos está contenido el poder de contar historias. La infinita responsabilidad de interpretar un libreto a través de las prendas y del escenario donde actúan protagonistas y extras.

Es el mundo de Diego Guarnizo desde hace más de dos décadas, cuando se inició fortuitamente en la televisión. “Un día conocí al director Kepa Amuchástegui (que venía de rodar “Garzas al amanecer”) en unos talleres que dictó en la universidad Jorge Tadeo Lozano donde yo estudiaba publicidad. Nos habló del nuevo proyecto que iba a hacer, una novela llamada “La casa de las dos palmas”. Le pedí insistentemente que me dejara trabajar con él. Se sorprendió y me dio el teléfono de Iván Martelo, el director de arte con el que trabajaba, seguramente el mejor diseñador de moda que ha tenido el país. Lo llamé y después de la primera visita, mi vida quedó definida”.

No es una exageración oír cómo sentencia Diego Guarnizo este momento que hizo virar su destino. No, si se tiene en cuenta que “soy un hijo de mayo del 68, nacido por casualidad en Villarica (Tolima), un pueblito anclado en una zona que fue guerrillerísima y al que no he vuelto desde los cuatro meses de edad”. Diego, el mayor de la familia formada por un juez pudiente y una hermosa ama de casa conocida como “Campanita” en Ortega (Tolima), hija a su vez del carnicero de ese pueblo. “Un amor imposible entre dos clases sociales muy distantes que lograron consumar al escaparse y casarse a las escondidas” relata Guarnizo.

Como si este inicio no contuviera motivación dramática suficiente, al adolescente que estudió bachillerato en La Plata (Huila) y el que prestó servicio militar en la base de Larandia (Caquetá) le esperaba su primera prueba de fuego: el abandono del padre. “Nos quedamos hasta sin casa. Si almorzábamos, no comíamos. De esa época me quedaron dos traumas, los baños con agua fría y el tender camas”. Pero habrían de pasar diez años más para que Guarnizo dejara de aguantar necesidades. Mientras tanto trabajó como mensajero de Carulla durante el día y estudió, becado, por la noche en Bogotá. “Ando buscando a mis jefes de aquella época para darles las gracias” enfatiza este hombre de mirada chispeante, húmeda a ratos.

Hasta el balcón del antiguo beneficiadero de café suben el canto de los gallos y las órdenes impartidas en el set de grabación. El volumen de la conversación varía pero no el tono afectuoso de Guarnizo. “Es muy consentidor, todo el día y con todo el mundo” me advirtió en su taller en Bogotá, Claudia López, su mano derecha, frente a la pared forrada de libros y revistas que sirven de soporte de investigación de vestuario al diseñador. Vecinos de la vereda donde se graban las novelas, presidentes de televisión, actores y actrices, productores, maquilladores y carpinteros, dueños de caballos e industriales textiles, divas y reinas de belleza son los interlocutores usuales de Guarnizo. “Este trabajo es pura psicología” y se anuda el pañuelo que lleva al cuello.

 “Estamos grabando la época de los años cincuenta y encontré material valioso en la biblioteca Luis Angel Arango” cuenta Diego sobre Esmeraldas, el proyecto que acomete, desde la dirección de arte, con la empresa que inició junto a su socio Germán hace dieciséis años, nombrada como Taller Guarnizo Lizarralde en julio de 2006. ¿Cómo logra interpretar técnicamente de manera tan fiel y cuidadosa cada década, cada estilo? La respuesta es tan candorosa como sorprendente. “Somos un equipo con puro amor por este oficio. Lo que no sabemos, lo aprendemos. Nidos de abeja, drapeados, siluetas, mangas ajamonadas, faldas de campana, pasamanería, telas bordadas, cortes de cuello. Nos le medimos a todo” replican tanto Diego como Max, uno de sus patronistas en el taller, frente a la mesa de corte. Es verdad, cuando recibieron el encargo de producir seiscientos vestidos en seda de siluetas complicadas diseñadas por Esteban Cortázar para la colección que se vendería en los almacenes Éxito, el Taller de Guarnizo y Lizarralde –con sus veinte empleados frente a las máquinas de coser- supo que le había llegado la oportunidad de ingresar en otra línea de negocio: “la maquila especializada” como llama Diego, entre risas, a la producción de prendas exquisitas para otros diseñadores de moda (María Luisa Ortiz, Beatriz Camacho, Bettina Spitz, Zeta, etc…).

Ese reconocimiento en el mundo de la moda, se validó y multiplicó con la experiencia de haber realizado además la dirección de vestuario para las reinas durante diecinueve ediciones consecutivas del Concurso Nacional de Belleza, al lado de Raimundo Angulo. “Sé que es hora de hacer un relevo pero me dan tantos celos como nostalgia. Hicimos mucho: convocatorias de diseñadores nacionales para crear los vestidos de las candidatas; introducir el bikini; trabajar con los artesanos del país y dar a conocer sus piezas; levantar la industria del calzado en Bucaramanga al convertirlo en el “zapato real”” enumera Guarnizo.

Con una versatilidad poco frecuente, Diego aborda desde la adecuación de blusas en satín y seda para la super-vedette Amparo Grisales, presentadora del concurso “Yo me llamo” como la creación de colecciones completas de vestuario para el elenco de la narco-televisión, con su pieza máxima en “Pablo Escobar, el patrón del mal” y los realities que inundan la oferta nacional. Guarnizo acumula varios premios Simón Bolívar e India Catalina por su trabajo. Sin embargo, parece haber cambiado poco este hombre zurdo y daltónico que sigue, tras más de veinte años de oficio, adorando el color amarillo y las texturas dolorosas como las piedras. Su entrega sin medida al trabajo y su pasión entrenada en el gusto por los detalles de confección lo convierten en un referente indispensable del oficio de la moda en el país. “Sobre todo, he aprendido a ganarle al tiempo” dice risueño.

Publicado en la edición impresa de Diners, edición de octubre de 2014.

 

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Sección dedicada a las reseñas de libros cuyos autores tratan asuntos directamente relacionados con la industria de la moda o temas que resultan seductores abordajes a propósito de la estética, la indumentaria y su efecto social, económico, ambiental y político. Leemos con pulcritud y reseñamos obras de variados géneros. Ficción y no ficción cuentan con este espacio en SillaVerde.

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Sobre la autora

“Esta revista digital la elaboro en Bogotá, la ciudad asentada sobre una silla verde, tal como sugiere el escritor Germán Arciniégas al referirse a las montañas orientales que la resguardan.”

ROCIO ARIAS HOFMAN es politóloga y periodista en radio, prensa, televisión y medios digitales. Nació en Madrid y vive en Colombia desde 1994.

En 2012 crea sentadaensusillaverde.com para investigar, escribir y publicar historias sobre la industria de la moda. Sus piezas periodísticas aparecen también en El Espectador, Fucisa, Diners y Vogue Latinoamérica. Participa en conversaciones, foros y actividades académicas. Jurado de los Premios Cromos de Moda 2014; Premios de Diseño Lápiz de Acero 2015, categoría Moda; Premio Festilana 2016; "Se busca diseñador Fucsia" 2016 y 2017. 

En 2017 lanza la plataforma audiovisual La vida animada en el canal Youtube en alianza con la firma Expor Mannequins.

Como empresaria funda la compañía SILLAVERDE SAS y la agencia Relatos a fuego lento, enfocadas en la creación de contenidos de moda con énfasis en sostenibilidad y tradición artesanal. Consultora de Artesanías de Colombia desde 2015. Dirige el ciclo de debates MODA 360 de la Cámara de Comercio de Bogotá desde 2015.

En la actualidad, cuenta con un equipo integrado por la periodista y literata ADELA CARDONA y por LEIDY DÍAZ, asistente administrativa. Trabaja siempre en alianza con otras empresas y especialistas de la economía creativa en el desarrollo de nuevos proyectos.

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La tendencia persiste en 2018: las camisetas parece hablar por sí solas. ¿Una nueva forma de expresión? ¿La semiótica que aporta la moda en la era digital? ¿Activistas de la palabra? ¿Líderes visionarios? El diseño global se hace eco de la realidad política y social. Especial de SILLAVERDE con el aporte de distintas miradas profesionales. 

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