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Cuatro creadoras en acción

Publicado 2014-10-16 00:00:00 | Por Rocio Arias Hofman

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"Evolution", desfile de la diseñadora María Elena Villamil en las antiguas bodegas de una cervecería en Cali.

Ningún evento del calendario de moda en Colombia es realmente una fashion week en sentido estricto del término. Entendamos semana de la moda -fenómeno archi-inventado en el circuito internacional- como un espacio donde solamente confluyen público (compradores, empresarios, prensa especializada y seguidores de la moda) con diseñadores para tomarle el pulso a la faceta artística de este negocio que es donde finalmente se marca la tendencia frente al mercado de consumo.

Si se tiene en cuenta lo anterior no deja de agradecerse que, al menos, las pasarelas de esta ferias nacionales contengan propuestas sólidas y justificadas. Valga aclarar, sin embargo, que Plataforma K de Barranquilla es la única que cuenta con un equipo visible de curadores nacionales e internacionales, contratado por la Cámara de Comercio de la ciudad, y que están presentes en primera fila, asumiendo la decisión que tomaron para armar la parrilla de desfiles. En Colombiamoda (Medellín) es su entidad matriz, Inexmoda, la que se encarga de recibir las propuestas e invitar a los diseñadores que mostrarán sus colecciones en pasarela. Así sucede en Caliexposhow, donde su entidad organizadora –Fenalco-, no especializada en el sector a diferencia de Inexmoda, decide quién participa o no en el recinto del Centro de Eventos Valle del Pacífico.

Por eso, se acude a trabajar con cierto nerviosismo a estas pasarelas. ¿Cuáles fueron los criterios y las condiciones para que los diseñadores y las marcas participen?, ¿quién le pone límite y cuáles son las reglas para la participación de los sponsors que respaldan el trabajo del diseñador?, ¿los diseñadores que no están presentes y han demostrado su calidad, por qué no figuran en la programación?, ¿no quisieron venir?, ¿renunciaron a presentarse en estos espacios?, ¿es un asunto de financiación o de convocatoria? Las preguntas son múltiples. Las respuestas no se logran de inmediato. Hay que encontrarlas, medirlas.

Para empezar es preciso mirar cuidadosamente cada uno de los desfiles (sobre la pasarela y detrás de ella, en el febril backstage) y así evaluar con equilibrio cómo resulta cada jornada. La primera ronda de Caliexposhow 2014 contuvo una noticia: la María Elena Villamil del siglo XXI así como singularidades: el poder narrativo de Carolina Sepúlveda y la emotiva colección de Bettina Spitz.

 

María Elena Villamil y “Evolution”

Lleva más de veinte años ejerciendo como diseñadora aunque sus verdaderas raíces de formación están en la arquitectura y el arte. Su línea se caracteriza por prendas de silueta amplia que liberan al cuerpo sin robarle un ápice de sensualidad. Creó una marca –MEV- anclada en el Cali de origen de la diseñadora con un taller en el barrio Granada y un punto de venta central. En Bogotá, está el segundo. Blancos, negros, azules, grises, rojos, terracotas y bermellones son tan “María Elena Villamil” que casi pareciera haberse quedado para ella con estos colores. Sus bolsillos son como el mascarón de proa de su trabajo, uno de sus distintivos. Amplificó el panorama de la fiesta y de la vida diaria con una versión muy personal en la que los vestidos largos funcionan durante el día y los pantalones en la noche. Rafia, tafetán, organza, seda y fibras sintéticas pueblan su repertorio. Textiles que siempre tienden a envolver el cuerpo, descubrir piel y alivianar la presencia de los huesos.

María Elena Villamil es tan geométrica como leve en su trazo. Diseñadora extraña en una sociedad que durante muchos años prefirió marcar el territorio del cuerpo hasta extremos inverosímiles. Aunque la realidad de la moda en Colombia se modifica poco a poco, la insistencia de MEV en convertir a la mujer en algo más que “el centro de todas las miradas” es algo para reconocerle como propio.

“Evolution” es la colección que presentó, el miércoles 15 de octubre, en las antiguas bodegas de la cervecería Bavaria en Cali (tan abandonadas que el equipo de producción Grupo 4 tuvo que coordinar tres días completos para limpiar el recinto). Este desfile supone un invento dentro de sí misma. Un paso tan amplio en su trayectoria que quizá conviene pensar que tras el desfile comienzan de verdad “sus veinticinco minutos definitivos”. Indagó en sus bolsillos y los descolgó más y mejor. Repensó los bajos de las prendas y creó pliegues sobrepuestos para marcarlos.

Cedió a su imaginación y al dominio técnico de las siluetas la posibilidad de reconfigurar su lenguaje. Consiguió ser más poética que nunca y estricta como tampoco lo había sido antes. Le dio gris sobre gris, negro sobre negro, blanco sobre blanco y algo de arena a sus telas. Cuando parecía así de contundente reveló su verdadera intención y aparecieron faldas de tul y vestidos en amarillo tan ácido que logró lo que anticipan los orientales con el color: darle vida a la vida. “Dos meses y medio estuve completamente encerrada para terminar esta colección. Mis amigos me decían que estaba loca” cuenta, con los ojos húmedos por la tensión y la emoción,  María Elena Villamil en medio del revuelo de felicitaciones, del empaque de sus vestidos.

La emoción que causó esta presentación entre el público estuvo además potenciada por la calidad de la puesta en escena y el casting audaz logrados. Mujeres negras magníficas que, vestidas de negro, cerraron el desfile. El vacío de las bodegas intervenido con paneles que replicaban el diseño textil de las prendas; el crudo cemento pintado de blanco convertido en pasarela inmensa pero necesaria para que las blusas, faldas y vestidos pudieran acometer su vuelo; la música acompañada en vivo por un trompetista y una caja.

En un par de años, sobre este suelo que contiene desde ya la marca de la moda nacional tras la presentación de María Elena Villamil, se levantará el centro comercial y clínica Guayacán de la constructora Pedro Gómez. Como aseveró un alto ejecutivo de esta compañía que patrocinó el desfile de MEV, “el compromiso que tenemos es grande. Vamos a pensar cómo incluir a los diseñadores de moda en un circuito permanente al interior del centro comercial”. Ahora sí, amanecerá y veremos.

       

Carolina Sepúlveda y “Tabaquería”

La primera en salir a escena fue la diseñadora que hace de la discreción un asunto de personalidad: Carolina Sepúlveda. Una mujer menuda que no ha cumplido treinta años y con marcada predilección por siluetas que duplican su estatura. Como si fuera esencial salirse físicamente de la moda para acometerla. Por eso la capacidad que tiene su joven marca, Aldea, para mostrarse vigorosa por sí sola y no escondida, detrás de la diseñadora. “Tabaquería” es su más reciente colección, surgida tras un viaje a la Cuba de las fábricas de puros. Allí, en medio de los olores, la humedad y las tonalidades que rodean la labor de los trabajadores encontró los ingredientes necesarios para perseverar en su estética dando un paso más adelante.

            A diferencia de los creadores que optan por irrumpir estruendosamente en nuevos territorios cada vez que acometen una nueva colección, Carolina Sepúlveda prefiere afianzarse en su conocimiento por el patronaje japonés y la costura delicada para, desde ahí, explorar el resto. Quizá ese es el motivo que permite identificar su talento en una ojeada. Incluso, los hombres-modelos que estrenaron la primera línea masculina de Aldea se vieron tan naturales como la narración visual y musical sobre la pasarela que es capaz de lograr la diseñadora haciendo uso de su formación original como cineasta.

Maxi-vestidos y jerseys en lanilla se mezclan con gabanes de manga sisa en seda. Un pantalón anclado a una pieza rectangular que se dobla sobre el pecho con un par de cierres escondidos tras la tela se convierte en una prenda tan versátil como sorprendente. Las mangas se fruncen o se anudan sobre los brazos, de la misma manera en que los artesanos cubanos pliegan las hojas de tabaco para envolver los prestigiosos puros. Un short que lleva el color de la panela quemada se ve cubierto a su vez por una capa lateral, a modo de falda. Las piezas se deslizan por el cuerpo de las modelos seleccionadas por la compañía Grupo 4. Permiten ver y sentir el gris humo, el marrón avejentado y crujiente de los tabacos, lo marfil del denim en su estado más crudo.

Bettina Spitz y “La bella Ingrid”

La madre de la diseñadora bogotana se llama Ingrid, su país de origen fue Prusia y cuando llegó a Colombia en los años cincuenta del siglo XX, se ubicó rápidamente como modelo en Bogotá. Bellísima y profesional guarda en su memoria los inicios de la moda en el país. También ejerció como diseñadora. Hoy todavía no ha visto lo que su hija, Bettina Spitz, ha creado pensando en ella. Una colección que recoge en su título el secreto homenaje y que revela con su rostro impreso en vestidos y abrigos la importancia de la madre.

Sin dejar de lado los bordados con pompones, lanas, piedras semi-preciosas y espejos que suelen acompañar la propuesta de la diseñadora bogotana en sus colecciones de invierno y de primavera, esta vez, Bettina Spitz acometió siluetas y estampados de los años 50, 60 y 70 de una manera fresca y divertida. Punto, seda y jacquards aplicados sobre vestidos de fiesta, piezas más cortas “Jackie”, chaquetas cortas a la cintura y pantalones amplios.

Con seis puntos de venta en Bogotá donde también se encuentra su taller y otro almacén en Cartagena, Bettina Spitz consolida una trayectoria de empresaria y diseñadora difícil de lograr. Inquieta por el presente que tienen frente a sí los diseñadores nacionales ante el desembarco múltiple y masivo de marcas internacionales, Bettina Spitz especula sobre posibles soluciones para entender cómo innovar y lograr ser competitiva en un mercado que ya no da espera.

 

Adriana Santacruz y “Piel y tejidos”

En 1999, debido a la investigación que adelantaba para su tesis de grado, Adriana Santacruz supo que las tradiciones de los indígenas pastos con los que convivía desde niña en su ciudad natal de Pasto (capital del departamento de Nariño, sur de Colombia) iban a permanecer con ella por mucho tiempo. Y que le iban a dar forma a su vida profesional.  Así fue: su ruta como diseñadora demuestra ser un trabajo consagrado a rescatar tradiciones artesanales de esta comunidad y lograr, mediante el diseño especializado, un lenguaje novedosos para la confección de prendas contemporáneas.

El “Halcón” o la “Frida”, dos de sus piezas emblemáticas se han presentado en Canadá, Chile y Kuwait, por mencionar algunos de sus más recientes destinos. Son piezas concebidas a partir de la ruana y vinculadas a un mundo sensible ligado poderosamente a la naturaleza que elabora la diseñadora “en conexión con mi entorno y la luna”. En Cali presenta “Piel y tejidos”, una secuencia de sus tejidos de telar vertical –“es difícil lograr la producción de textiles más livianos que se adapten a climas de verano” explica- en piezas nuevas: shorts y tops. Una solución no tan afortunada teniendo en cuenta la rigidez que acompaña estas telas.

Aunque el conjunto de esta colección es fiel a su creadora, esta vez –a diferencia de otras colecciones- no excede ningún límite y no muestra ninguna exploración adicional. Podrían verse quizá algodones limpios y frescos en la secuencia para romper la excesiva etnicidad de la propuesta. Pero hay pieles cortadas sin orientación clara y terciopelos oscuros. La insistencia en el punto de partida puede llegar a impedir el descubrimiento de nuevos caminos. No siempre el origen ayuda saber el destino.

Publicado en las plataformas digitales de Diners, jueves 16 de octubre de 2014.

 

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La Vida Animada
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Elogio de la lectura

"Esta es mi técnica, resucito a través de la ropa. Tanto es así que me resulta imposible recordar lo que hice, lo que me sucedió, a menos que recuerde lo que llevaba puesto. Siempre que desecho un suéter o un vestido, desecho parte de mi vida. En "Chicas bailarinas" de Margaret Atwood (Lumen).

"No se atrevía a seguir mirando al espejo. No podía enfrentarse a todo ese horror: el vestido de seda de un amarillo pálido, tontamente pasado de moda, con su falda larga y sus altas mangas y su cintura y todas las cosas que le parecieron atractivas en el libro..." en La señora Dalloway recibe. Virginia Woolf ("El vestido nuevo". Editorial LUMEN).

"En la mesa de al lado había una dama maravillosa con unos hombros preciosos, una espalda recta y un vetido tan divino que me daban ganas de llorar. Era tan bonito porque ella no necesitaba pensar cómo conseguirlo, se notaba solo con verlo" en La chica de seda artificial. Irmgard Keun (Editorial Minúscula, 2004. Primera vez publicada en 1932).

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Sobre la autora

“Esta revista digital la elaboro en Bogotá, la ciudad asentada sobre una silla verde, tal como sugiere el escritor Germán Arciniégas al referirse a las montañas orientales que la resguardan.”

Rocio Arias Hofman es politóloga y periodista en radio, prensa, televisión y medios digitales. Nació en Madrid y vive en Colombia desde 1994.

En 2012 creó sentadaensusillaverde.com para investigar, escribir y publicar historias detrás de la moda. Sus piezas periodísticas aparecen también en los medios colombianos El Espectador, Fucisa Diners. Participa en conversaciones, foros y eventos académicos relacionados con la industria de la moda y sus protagonistas. Ha sido jurado de los PREMIOS CROMOS DE MODA 2014, PREMIOS DE DISEÑO LÁPIZ DE ACERO 2015, categoría Moda, CONVOCATORIA "SE BUSCA DISEÑADOR" 2016 Fucsia y PREMIO FESTILANA 2016. 

Como empresaria ha creado SILLAVERDE -Portal de la moda en Colombia-, una compañía a través de la que edita y produce contenidos para distintos formatos periodísticos que acercan la información de moda al público. Consultora de Artesanías de Colombia. Dirige el ciclo MODA 360 de la Cámara de Comercio de Bogotá.

Cofundadora de la FUNDACIÓN MALPENSANTE con el escritor y columnista Andrés Hoyos. Una entidad sin ánimo de lucro que crea contenidos vinculados a las artes y produce festivales, exposiciones y encuentros con el público en torno a la lectura. 

Maestros ancestrales 2017

La revista Fucsia, Artesanías de Colombia y el INALDE se unieron este año para la iniciativa "Maestros ancestrales". En esta, algunas marcas locales como Isabel Henao, Aldea, MAZ interactuaron y co-crearon cápsulas con la comunidad wounaan, wounaan pour y embera.


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ISABEL HENAO

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CAROLINA SEPÚLVEDA

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